lunes, 7 de mayo de 2012

La Vega y las Pelayas

Ha sido muy grato leer esta mañana abriendo La Nueva España la disposición de las monjas de San Pelayo a reivindicar la reversión de los terrenos de la Fábrica de la Vega para cederlos a su vez a la ciudad. Es un gesto muy importante y audaz que conjuraría la intolerable especulación que se presume sobre un suelo fundamental para el urbanismo ovetense y el futuro de la ciudad. Cuando tomé posesión de la Alcaldía en 1983 visité las Pelayas, en compañía del Secretario del Ayuntamiento, D. Luis Arce, y del funcionario D. Federico Collera. Tuvimos autorización expresa de Don Gabino Díaz Merchán, Arzobispo. Saludamos a la antigua abadesa, Madre Amparo, que bien había conocido a mis padres y que fatigada en su enfermedad terminal, a la que se enfrentaba con gran valor, y a la nueva abadesa, recién elegida, que nos mostraron la total disposición de la comunidad a colaborar con el Municipio, como compruebo ha sucedido estos años hasta este importantísimo gesto hacia Oviedo y los trabajadores armeros, amenazados como están por un cierre patronal que, no obstante, quiere lucrarse con el valor de los terrenos. Se trata de un asunto muy delicado que exige ideas claras en el consistorio y una política firme y diplomática con las instituciones concernidas. En la corporación hay un admirable concejal, Amador García, que fue Presidente del Comité de Empresa y que ha sido siempre clarividente y serio; hace falta, no obstante, apoyo y tenacidad. Desde Bruselas me sumo a esa lucha, y al protagonismo social de los armeros del que ya hablaba Clarín en sus novelas, y felicito a las Pelayas por su magnífica iniciativa y generosidad.

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