viernes, 4 de mayo de 2012

LA OBIOLINA

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Hace dos o tres años, quizá recordéis, que Raimon me libró en el hotel Novotel de quedar con él encerrado entre dos puertas automáticas. Pugnamos un buen rato sin lograr abrirlas hasta que mi compañero sacó una maquinita con la que hizo unas mucamas de funcionamiento, consiguiendo que las hojas de la puerta de atrás obedecieran. Ya, con relajada satisfacción, interrogué a mi gran amigo sobre el artilugio salvador. Por fin, y mucho porfiar de mi parte, me confesó que era una maquinita algo mágica que ya empleaba en sus tiempos de geólogo en sus salidas al campo. Me pareció normal, lo mismo que, creo, a Antolín, Cercas, Iratxe y Yañez, que en el mismo hotel estuvieron enseguida al corriente.

Sin embargo, hete aquí, que hace unos días visité la facultad de Geológicas de Oviedo, a saludar a amigos que no veía ha mucho. Conté, divertido, la anécdota de las puertas desbloqueadas, pero ninguno sabía nada de semejante máquina de utilización campestre. Es más, el antiguo rector dijo que no había tal, con un razonamiento impecable: las tecnologías van siempre a más, no a menos, por lo que lo que no existe hoy tampoco pudo haberlo antes.

Me quedé de piedra.

De vuelta a Brubru, sin atreverme a pedir explicaciones a Raimon, incapaz él de mentir y de que yo lo ponga en duda, consulté a Martí Grau, que es uno de los que más ha contribuido en estos pagos comunitarios a la leyenda de sabio distraído que rodea al genio catalán. Martí me puso las cosas en claro. Es una maquinita creada por el propio Obiols y este no se atrevió a reconocer su exclusiva autoría para que no me chivase a la barcelonesa calle Nicaragua, sede del PSC, de que ocupaba tiempo en inventos que ahí pensaban había dejado abandonados y que trajeron siempre de cabeza a los diversos equipos de campaña que encabezó desde hace ya cuarenta largos años.

Hice luego una consulta fallida, digo negativa, en Patentes y Marcas, tanto en España como en Munich y Alicante, aprovechando mis contactos de ponente de la nueva oficina europea.

La maquinita no está registrada.

Sin embargo, esté o no cubierta por la garantía y el PSC tenga sus reticencias, creo que el invento debería protegerse. Me falta documentación para instalar y naturalmente no pienso sustraer el invento a su meritorio y discreto autor. Me he limitado a preservarle el nombre de “Obiolina” para el día que Raimon, o sus herederos, lo quieran utilizar.

“Obiolina” es, a mi juicio, lo más cercano a “Pascalina”, el artilugio de cálculo que parió Blaise Pascal de tantas similitudes con nuestro Raimon, el autoritas filosófica en la ciencia y en las soledades literarias.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante.Benjamìn