sábado, 12 de mayo de 2012

Impuestos del deporte profesional

Todos los que llevamos años comprometidos en la acción política, nos hemos enfrentado a la pregunta de reconocer algo que hace el adversario mejor que los propios y nos hubiera gustado hacer. Rubalcaba ante semejante dilema defendió cómo, al menos conceptualmente, el gobierno, pese a tanto beneficio fiscal para defraudadores, no obstante, se opone a los astronómicos sueldos de altos directivos provocadores. Yo también ensalzaría el control fiscal que se anuncia de altos deportistas que en nuestro tiempo han gozado de excesiva benignidad, pese a los esfuerzos que intentaron Josep Borrell y otros bienintencionados.

Los pelotazos de los señores del fútbol son escandalosos. Gozan además de una cierta tolerancia social. Bien recuerdo cómo en mi tiempo de alcalde me topé con unos titulares de primera criticando el embargo administrativo de la taquilla de mi querido Oviedín o, aún peor, y en toda la España radiofónica, el día que preservamos el estropicio que se causaba al drenaje del césped del Carlos Tartiere, a cargo municipal, en cumplimiento de un ponderado informe de Floro Muñiz Uribe, el buen arquitecto.

Los deportistas de élite manejaban cuentas foráneas opacas ante la mirada para otro lado de Hacienda. No obstante, hay que descubrirse en el caso entonces ejemplar del tenista Rafael Nadal, que declaraba todos sus ingresos de fuera, incluso a riesgo de doble imposición, en cuya conducta, que entonces resalté, espero, persista. En otro orden, vergonzosos especialmente fueron los casos de cómo evitaron su descenso automático, en tiempos de ministro de mi buen amigo Jerónimo Saavedra, dos equipos de primera, que gozaron de una ventaja que luego no valió para conjurar semejante cosa al Oviedín.

Al principio de los 90, estuve un mediodía sentado a la mesa del legendario gaullista Chaban-Delmas, en compañía de los excelentes funcionarios ovetenses Esteban Carreño y José Luis Cabal, cuando al alcalde de Burdeos le notificaron la condena por evasión fiscal del equipo Les Girondines, que, como autoridad pública, había avalado. Chaban me dijo confianzudo: “Como sabe fui comandante de la Resistencia, dos veces Primer Ministro, cuatro Presidente de la Asamblea Nacional Francesa, cuarenta años alcalde, y he caído vergonzosamente en el aval a un equipo de fútbol incumplidor de sus obligaciones fiscales”.

En Bruselas se cuestiona ahora con razón la evasión fiscal de provocaciones deportivas con origen en España. Y señalan con el dedo la indolencia administrativa.

Se ha ido demasiado lejos en la opacidad de traspasos, cláusulas de retención, que no tributaban, domicilios fiscales erráticos y otras aberrantes prácticas especialmente lacerantes en medio de la crisis y el paro. Y a no olvidar que al frente de la Alta Inspección está Pilar Valiente, con un reciente pasado no precisamente ejemplar.

Una actuación radical y consecuente en el deporte prestigiaría a España en este ambiente afectado por tanta impunidad y amnistía vergonzosas.


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