domingo, 6 de mayo de 2012

¿Fin de la Cámara de los Lores?

De los tiempos de la carrera recuerdo con especial afecto los estudios de Derecho Constitucional, en abierta contradicción con lo que vivíamos en aquellos tiempos españoles, aunque existía la pretensión oficial de alta regulación de supuestos efectos constitucionales en las Leyes Fundamentales del Movimiento Nacional. Recuerdo también cómo estudiábamos la reforma del sistema británico bicameral, tomando como base un texto de Manolo Jiménez de Parga, y, en concreto, cómo en la lejana fecha de 1911 una iniciativa liberal había implantado la práctica inoperancia de tan tradicional institución de miembros no electos popularmente. No faltaba tampoco el intento paralelo de los juristas y pensadores del franquismo en hacer pasar a los miembros del Consejo del Movimiento, y a los designados a dedo por el Caudillo, como "los cincuenta de Ayete" como senadores regios o cosa parecida en un retorcimiento argumental que rechinaba cómicamente por todas partes. Mucho me acordé de esas viejas lecciones de Deusto, el día en que, sería 1986, Tony Blair personalmente, entonces joven diputado apenas recién elegido, me enseñó el Parlamento británico, y de forma, levemente crítica, aunque respetuosa, la Cámara de los Lores. A Westminster volví el mediodía del primero de los fallos del Tribunal de los Lores sobre la extradición de Pinochet. Aquella votación pública en que dos miembros fueron pronunciándose en contra de la petición judicial española, para rematar otros tres a favor, me sobrecogió. ¿Cómo una institución tan arcaica se pronunciaba de forma tan impecable? Luego vino la recusación, por ser el quinto magistrado, marido de una socia o cotizante de Amnistía Internacional, la constitución de un nuevo Tribunal y el pronunciamiento definitivo con una mayoría más holgada a favor de la encomiable pretensión del juez Garzón y los principios de Justicia universal. Fue una auténtica lección práctica y teórica que todavía no se ha asimilado suficientemente en el Derecho comparado, cuando en nuestro país cuesta tanto apartar a un juez, como ha sido el caso de Luciano Varela, en el propio asunto de las escuchas a abogados de la Gürtel. Luciano estaba contaminado por la instrucción anterior o por el odio manifiesto al justiciable, mucho más digno de atenderse que el lejano partidismo marital de aquel Lord contra el dictador chileno. Probablemente no habría cambiado nada la sentencia pero la Justicia debe ser muy cuidadosa de sus formas y rigor exquisito a la mínima tacha del juzgador como señalaron de forma ejemplar aquellos lores. Ahora la reforma radical de los Lores, incluso con introducción del sufragio universal y la elección proporcional de sus miembros así como un nuevo giro competencial, está presentada por el Viceprimer Ministro Nick Cleeg, del Partido Liberal, en recuerdo de aquellos antecesores ideológicos de 1911. Aquí, en Bruselas, es baronesa, con un título que no puede transmitir a sus herederos, la Alta Representante para la política exterior europea, Lady Ashton, que fue incluso Presidenta de la Cámara Alta. También lo es la liberal de la Comisión de libertades Sarah Ludford, como lo era la elegante Lady Nicholson que recuerdo del anterior mandato. Suponen un cierto resquicio arqueológico de una institución que ahora se tambalea, aunque no sé si definitivamente.

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