sábado, 28 de enero de 2012

ETELVINO EN SU CORREDORIA


La muerte de los amigos, tan incesante, no debería afectarme tanto, pues son legión los que yacen ya. Pero no es así, cada muerte es una punzada que te descose texturas del alma sin cicatrización posible.

La fatal noticia de Etelvino Valdés me la dieron Dolores Losas, Lolín y Antonio Simón, tan buenos exconcejales, mientras Roberto Morís y Carlos Rojo me deslizaban los libros de la memoria irredenta de Ramón García Montes, originario de la Güeria Carrocera, y de López Naves, de Tudela Veguín.

Los que publican retazos de sus sacrificadas vidas permanecerán siempre, pero también los que  nos dejan huella en el corazón.

Acompañé a la familia de Etelvino. Ya no vivía en La Corredoria pero su imagen es indisoluble  en el barrio, en el que Eloy, Presidente de la Asociación, reivindica con tanto tesón la apertura del Hospital. Ese gran HUCA es la bendita utopía de Juan Luis Vigil, en la que tantos desvelos dejó Álvarez Areces.

Etelvino fatigaba la zona incansablemente, incluso cuando ya no era vecino inmediato ¡Cómo no recordar a José Menéndez, de Villaperi, a Armando, a César, a Carlos, luego Alcalde.... Ese admirable grupo, tras Etelvino, desaparece un poco más si cabe. Mucho les debo. Algo dije en "Con Vistas al Naranco".

Etelvino trabajaba en una institución singular, el Instituto del Carbón, instrumento en el que soñaba Benito Buylla, "Silvio Itálico".Plácido Prada, en libro entrañable, del que también doy cuenta en el mío, ha biografiado a su abuelo, químico, musicólogo y poeta. Atento sigo, en esta hora europea, lo que los amigos del Instituto investigan sobre el CO2, senda ineludible para el porvenir económico de nuestro carbón, en cuya defensa no deberíamos desmayar.

El último adiós fue en su Corredoria. "¡El barrio ha cambiado tanto!", me afirma Fidel, otro compañero común; no obstante, siguen ahí seculares señas identitarias...el mojón dieciochesco de la Media legua, que bailó el sitio como tantos iconos ovetenses, la Fuente de los cuatro caños...

Bien recuerdo cuándo surgieron el bloque Costa Verde y la misma Iglesia parroquial, tan de vanguardia que fue. Y en época relativamente reciente promoví la negociación de El Cortijo...Su vetusta piscina me traía los tiempos del baño infantil en el Nora que, mucho antes, Palacio Valdés comparaba con los ¡Juegos Olímpicos!

Todo ha cambiado, en efecto, y el progreso se ha hecho complejo pero la memoria de los amigos fija un tiempo  y la simultánea necesidad de analizar el nuevo acontecer poblacional.

Y, por favor, no más obstáculos para el Hospital, de la Corredoria y de todos los asturianinos de verdad, que bien exigen no se pudra irresponsablemente.

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