jueves, 19 de enero de 2012

BANDRÉS

 
Como una punzada he sentido la muerte de Juan Mari.
 
Había sufrido un ictus en 1997 del que quedó postrado ya para siempre.Fue el mejor y más brillante abogado de una época dura y heroica de la abogacía reivindicativa de derechos democráticos. El ictus le dejó con comunicación muy difícil que yo ni tan siquiera intenté.Le tenía mucho afecto.Estuvimos juntos en la plataforma de abogados contra la pena de muerte que él lideraba en los primeros años setenta.Marcelino Arbesú y yo le vimos en muchas reuniones por aquel entonces.Marcelino mantenía también contacto epistolar con varios abogados cercanos a Juan Mari en San Sebastián y Madrid.Le sustituimos en un juicio ejecutivo en Gijón de un cliente civil de su despacho.
 
Una tarde paseando con él por Luanco me pidió cortesmente permiso para entrar en la Iglesia, junto a la playa,a rezar una salve.Yo ya sabía de su catolicismo militante pero quiso darme toda clase de explicaciones, de lo que recuerdo especialmente cómo Manuel Irujo,el navarro del PNV,que fuera Ministro republicano,había sintonizado con él joven Bandrés por "otra salve".
 
En la cárcel de Oviedo había un preso que blasonaba de amistad con Juan Mari,si bien no le sonaba de nada.Estuvimos juntos a ver al tipo descubriendo la impostura que debió ser un ardid policial.
 
Los estudiantes de Derecho de Oviedo, que lideraba Álvaro Cuesta, le invitaron a dar una conferencia,que fue prohibida en el último momento por rector y gobernador, con la policía entrando en el caserón de San Francisco y varias cargas.La charla la dio Juan Mari en su habitación del Hotel Reconquista,atestada de los estudiantes que habían organizado el encuentro.Era un hecho insólito en el prestigioso establecimiento recién abierto.Ese mismo día se proclamó el Estado de excepción en el País Vasco.La policía siguióa Juan Mari a la salida del Hotel,a la mañana siguiente, con el ánimo de detenerle,y probablemente de confinarle en alguna parte como ya había hecho otra vez.Se fue a pie a la estación del Norte pero cambiando de andén tomó otra dirección mientras yo llamaba a un teléfono seguro de su familia.
 
Después las cosas se pusieron más serias y complicadas.Vinieron los consejos militares.El 27 de agosto de 1975 fui observador a petición suya en el juicio sumarísimo de Burgos a Otaegui y Garmendia. Juan Marí estuvo extraordinario y,pienso,su dramatismo consiguió el preciso efectismo y el indulto para el condenado, suerte que no tuvo Otaegui,ejecutado sin ni siquiera ser considerado autor material ni inductor del acto que se le acusaba.
 
El 20-N de 1976,el primer aniversario del dictador,estábamos en una reunión de la Liga de los Derechos de los Pueblos que presidía el senador Lelio Basso.Bandrés de nuevo brillantísimo como siempre.Eloina y yo conocimos esa mañana al poeta Juan Gelman que tenía otro nombre.Con la democracia,Juan Mari me visitó un par de veces en la Alcaldía,una con motivo concreto de su campaña para el Parlamento Europeo,en el que fue el único elegido de su coalición a la que pertenecía aquí Xuan Xoxé Sánchez Vicente;la otra con un problema de un edificio (Hotel Favila)de la calle Uría,cuya rehabilitación promovía una empresa de su mujer.
 
Luego Juan Mari pidió a sus partidarios que se afiliaran al PSOE, "casa común para seguir bregando por las libertades".
 
Marcelino siguió aún después en su contacto constante con alguna cuestión, creo recordar, de ayuda y atención a refugiados,en cuya campaña de concienciación Juan Mari estaba cuando le acaeció el ACV.Paralizado y e
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo tenía perdido en el ordenador y creí conveniente darlo aunque sea un poco tarde.AMH

Anónimo dijo...

Muy bien el recuerdo, y merecidísimo. No le conocí personalmente, creo que le vi una vez, pero seguí su trayectoria y le admiraba, y eso que no sabía de su "catolicismo militante".
Un abrazo

Anónimo dijo...

Comparto tus opiniones sobre Bandrés al que yo admiré profundamente
tanto en su faceta política como jurídica. Estudio el primer curso de
la carrera en nuestra entrañable Facultad del caserón de la calle San
Francisco.


Un saludo, Nacho