sábado, 10 de diciembre de 2011

Gonzalo Moure ante Pardo Donlebún


El almirante Pardo Donlebún es el duodécimo abuelo del escritor Gonzalo Moure Trenor que sufre la herida legítima de que su familia se haya desprendido de los dos palacios constitutivos de un patrimonio histórico singular. Hace meses Gonzalo ha dado una entrañable conferencia sobre su antepasado. Fue el 13 de agosto a la llamada de la castropolense Fundación Ría del Eo, de la que es motor el clérigo don Luis Legazpi.

El texto, muy polémico y, por tanto, doblemente interesante, está, desde entonces, en la red.

Gonzalo sustituye lo desconocido, en parte perdido por triste quema bélica del archivo familiar, con la libertad de la narrativa, a la que le animaron, en su día, conversaciones con el entrañable escritor ribadense Daniel Cortezón y la huella de algún personaje de «Dublineses» de Joyce.

La mentira literaria puede ser más verdad que la supuesta reducción a palabras de una historia considerada verdadera. Lo justificaron maravillosamente Vargas Llosa, Vizincey y tantos otros. Siguiendo ese criterio me parece evidente que, por ejemplo, «El paraíso en la otra esquina» del Nobel peruano te acerca más al personaje legendario del pintor impresionista Paul Gauguin que cualquier reseña incontrovertible de enciclopedia. Céline, cuya escritura y biografía, a veces tan siniestras, perturban con frecuencia mis sueños, evitaba en su exilio danés que se le reconociera haciéndose pasar en sus cartas por Courtial, uno de sus personajes, anterior a la guerra y a sus aberrantes «panfletos». El tal Courtial en la novela se suicida, así que muerto incluso en la ficción fue algún tiempo el propio Céline (L. F. Destouches) vivo.

Sea o no veraz todo lo que cuenta Moure, vale literariamente y no a la manera que el «Quijote» da por auténtico en su fabulación al ovetense Bernardo del Carpio, por ejemplo, pues el almirante de Barres no fue pura virtualidad ni autoengaño: con su paso por Gonzalo su figura consigue el rescate real del olvido histórico.

De Pardo se hablará más cuando se reconstruyan las torres de Donlebún y el palacio que fue de sus descendientes en Figueras, unido en el siglo XIX a lo que en su tiempo era simple torre vigía. Una personalidad injustamente olvidada volverá a la memoria colectiva gracias al esfuerzo imaginativo de su nieto duodécimo y a las próximas reconstrucciones, que apenas tampoco se parecerán a las que fueron suyas. Rehabilitación y reconstrucción que nos dejan el eco de unas hazañas que sí sucedieron y que llegan a nosotros con tanta fuerza pese a la mácula de los postizos arquitectónicos, el engrandecimiento de la literatura y la devoción familiar, expulsada esta última ya fuera de sus antiguos contornos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hoy leí tu artículo sobre Trenor. Vaya historia...

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