sábado, 12 de noviembre de 2011

Hotel en Brubru

Me acabo de enterar de lo que pagan algunos mandatarios por noche de hotel en Brubru. Silvio Berlusconi, ya con un pie en el estribo, abona la respetable suma de 4.500 euros en una suite del hotel Conrad.

También me dicen que en otro tiempo, cuando Italia se hacía representar por un no menos mafiosillo Julio Andreotti, los jefes de Estado y de Gobierno, la señora Thatcher incluida, se acercaban con sumo respeto a su asiento a saludarle; ahora solo ríen, o sonríen, significada y despectivamente, «las cosas de Silvio».

Angela Merkel y Nicolas Sarkozy se alojan en el hotel Amigo; ella en la cuarta planta y el francés en la tercera. Ambos tienen el precio de 891 euros.

Desde luego, nada que ver con mi modesta, pero confortable y práctica, habitación de 71 euros. Es muy buen precio, que no me hacen en Estrasburgo, donde que te respeten la reserva durante las llamadas «semanas de Parlamento» es un problema logístico por el que la tarifa se resiente mucho. No doy el nombre de mi hotel español pues su amable dirección se siente afectada por la publicidad negativa que en varios medios europeos le supuso el atraco a mano armada sufrido hace varias semanas. Tampoco me interesa que a los estados mayores de los mandatarios les dé un furor de recortes y quieran competir con mi presupuesto diario bruselense y me dejen sin alojamiento o lo suban por las nubes. En cualquier caso, los ministros españoles solían parar en el Crowne Plaza, al ladito del Parlamento, que tiene una tarifa en internet de 250 euros.

Desde mi ictus, ya no paseo alrededor de mi hotel, en cuyas inmediaciones descubrí la presencia infantil del escritor Julio Cortázar, al que nacieron en Brubru; del arquitecto Orta, autor del estilo característico de una época de la ciudad, y donde habitan mis sobrinos segundos Hubert y Carlota, nieta de la pintora Lelé Hidalgo, y sus hijos.

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