Ha fallecido Edelmiro Fernández Alonso, veterano
compañero de La Manjoya, antiguo funcionario municipal, válvula del Servicio
Municipal de Aguas, del que recuerdo también a Carreño, Campa, Alfredo Suárez,
Ponteo, Abril, Jaime Álvarez, Aguirre y tantos otros de muy distinto perfil
profesional. Si con todos ellos gasté - o mejor, gasto- buena amistad, el caso
de Edelmiro era especial pues había estado ya, en ese mismo servicio, muy
vinculado al Alcalde Valentín Masip. De niño ya acompañé a mi padre muchas
noches a comprobar "el nivel de la bodega", metáfora que siempre me recuerda el
entrañable exconcejal Juan Fernández Ania, como se llamaba a los depósitos del
Fresno y Pérez de la Sala, donde residía la esperanza de afrontar veranos y
otoños y primaveras e inviernos de restricciones drásticas. En esa lucha
ininterrumpida de varias corporaciones en favor del agua, me crié hasta ser el
primer Alcalde que no tuvo problemas en el suministro aunque sí hube de sufrir
tres días de un lamentable accidente en la conducción. El espíritu de aquellos
funcionarios impregnaba al resto del Ayuntamiento lo que explicaría que las
inversiones en la modernización de los circuitos, que no se ven y son las
arterias sanguíneas de la ciudad, tuvieran encomiable preferencia sobre otros
oropeles más vistosos. ¡Fueron nada menos que treinta y seis kilómetros nuevos
en suelo urbano! Recibíamos buena doctrina del gran experto Urbano Arregui y
contábamos con una oposición constructiva, personificada en José Antonio García
Arias.
Edelmiro, canas bien peinadas, era, con su bonhomía,
pieza fundamental, con el que me entendía directa y llanamente, y otras veces a
través de los buenos concejales Avelino Martínez, Pañeda, Lolín de Olloniego,
Jesús Aparicio, Antonio Simón,...¡Qué gran equipo el de aguas, no siempre bien
comprendido!
Aquel accidente de la conducción, en el que posiblemente
habíamos cometido algún yerro por exceso de celo e imprevisión, como me dijo
sabia y lealmente el ingeniero Álvarez Rea, se superaba con horas de trabajo y
un montón de voluntarismo en el que no faltó una permanente información
telefónica pública y radiofónica en la que como Alcalde me integré. Edelmiro me
iba dictando a qué minuto exacto íbamos restableciendo el servicio en cada tramo
de calle y los ciudadanos que yo atendí se sorprendían que pudiéramos facilitar
semejante dato aprovechando la vieja formulación de Arquímedes y Pascal de los vasos comunicantes, corregida por el cálculo
de la velocidad de desplazamiento, aún sin servicio informático. Eran todavía
tiempos de transición hacia la modernidad tecnológica, inimaginable
hogaño.
La última noticia que tuve de Edelmiro, fue curiosamente
en los estrados del Parlamento Europeo. Sus saludos me llegaban por Javier
Álvarez Wiese, fabuloso intérprete de la cabina española, escurialense de
origen, amigo íntimo de una nieta y su marido de la tan ovetense familia Rubio
Suárez Pazos.
Estuve en el funeral de mi buen amigo, oficiado por nuevo
y entusiasta párroco. Fue en el preciso lugar, - lo recalco ahora que acaba de
jubilarse Don Celestino Castañón-, de la emblemática etapa del Camino, donde
llegaban los peregrinos medievales, históricos forjadores de Europa, que tenían
ahí la primera visión gozosa de la Catedral. Sin querer meterme en camisa ajena,
la figura del peregrino que se conmemora en los aledaños de esa entrañable
capilla debería mirar a San Salvador sin obstáculos arquitectónicos como está
bien documentado que así sucedía en la misma tradición del Monte del Gozo
compostelano.
En fin, Edelmiro se nos fue pero en amigos, compañeros y
familiares se queda para siempre, representativo de un largo y heroico tiempo
contra la falta de agua.
1 comentario:
Publicaré al final de mi próxima columna sabatina de prensa:El pasado sábado bajo el título de “Edelmiro, en memoria”, se deslizó un grave yerro mío pues dónde debía decir “al jubilarse Don Celestino Castañón” inopinadamente escribí “al fallecer…”.Una barbaridad. No basta con implorar el perdón del respetable clérigo y de sus allegados, que doy por descontado de su benevolencia, ni agradecer a quienes levantaron el banderín de mi orsay (Doña Mari Paz, David Orihuela, Juan Álvarez, Luisma, el concejal Feliz Fernández…). En cualquier caso, ruego se me disculpe, pues quedé abrumado.Masip
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