lunes, 5 de septiembre de 2011

RAMÓN BULNES, ENTRE PARIS, OVIEDO Y PANCAR


Ramón Bulnes era el heterónimo de Ignacio Quintana cuando codirigía la prestigiosa revista parisina Cuadernos del Ruedo Ibérico, gran referente de la oposición antifranquista. Nacho era, además, el responsable en Asturias de un partido pequeño (Frente de Liberación Popular, FLP, conocido como Felipe). Eran tiempos de dureza y peligro de la vida política. Pese a su carácter minoritario comparado con el Partido Comunista, incluso con el PSOE, Nacho encabezó un importante conjunto de intelectuales y estudiantes generosos (Ricardo Gómez, Pelaez, Juan Cueto, los hermanos Uría Ríos, los Menéndez de Llano, los Corugedo, Novo, Piti Casal, Juan Luis R.Vigil, Rodríguez Muñoz, Domingo Caballero, Julio Velasco, Valentín García Santos, Ozores, Miranda, Castañón, José Bolado...) al que accedí y en el que traté a ese Ramón Bulnes, todo un tipo, auténtico líder. Era nuestro contacto con el resto de la organización (Pascual Maragall, Maravall, Luciano Rincón -Luis Ramírez, afamado biógrafo de Franco-Ignacio Fernández de Castro, Recalde, Manuel Castells...). Compartía la Dirección de la revista con José Martínez, en el Barrio Latino, detrás de la Sorbona, en el pequeño local de una librería, que, creo, les había cedido el legendario editor François Maspero, al que también conocí. Colaboraba el asturiano Eduardo G. Rico, periodista de La Nueva España, con los seudónimos de Juan Claridad y Luis del Nalón. Alguno de los trabajos que Nacho publicó por entonces fue plagiado en forma de libro, con la mayor impunidad, dentro de España. Con su propio nombre sacó algo Nova Terra, del inolvidable Alfonso Carlos Comín, y varios artículos sobre el Tercer Mundo en la prensa local.

Con la democracia, Nacho, como hicimos otros muchos, se adhirió al PSOE, y fue Gerente del Plan Urbano de Madrid con Tierno Galván y Director General y Subsecretario con Javier Solana. Con este último fue decisivo cuánto hizo por la Biblioteca "Ramón Pérez de Ayala" que surgió donde antes había una ruina en el antiguo Teatro de La Regenta y de Su único hijo. No hace mucho regresó a Oviedo, que comparte, en su amor sin límite, con la llanisca Pancar.

Ahora me dicen que, por una polémica de campanario, un ignorante, que sin duda no hizo nada por traer la democracia, le acusa de no haber tenido cargos de elección ciudadana. Desde luego en aquellos años de clandestinidad no había precisamente sufragio universal, debía incluso llevar otro nombre y aún le recuerdo, no obstante, como Presidente de la Asociación de Vecinos del barrio madrileño de Hortaleza.

Al modo de Semprún/Federico Sánchez, personalidad señera apoyada, por cierto, en Ruedo Ibérico, Nacho es inseparable para siempre de Ramón Bulnes. El menosprecio a su trayectoria me parece un despropósito, con independencia de cualquier polémica, que, en este caso, mejor dejar en el olvido de la hemeroteca estival.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy oportuno.Luisma