jueves, 18 de agosto de 2011

¿Por qué "CON VISTAS AL NARANCO"?



¿Por qué "CON VISTAS AL NARANCO"?, me pregunta, insistente, mi editora sobre un titulo que ella misma me ha puesto.

Ciertamente carezco de respuesta precisa.

Como ovetense, el monte forma parte de mi dieta de libertad sin mácula de sombra, pero desde que padezco los rigores del ictus y, a la vez, mi escaño de diputado me aleja de Asturias de lunes a jueves, el Naranco es bálsamo contra mis dolencias. Salvando las distancias, me pasa un poco lo que a Proust, Cela, Montaigne y tantos escritores enfermos a la búsqueda de remedio en la literatura y la soledad. Padezco, en efecto, secuelas que intento neutralizar un tanto con el ordenador, la lectura... en definitiva, apoyado en la mirada y la nostalgia, que es pasado y futuro.

Constatable que, de forma mágica, mientras he perdido movilidad física, mejoré la vista y ha remitido el padecimiento, antes crónico, del insomio; sueños dormidos y despiertos, personales o ciudadanos, en la mezcla calidoscópica del Naranco, cuya cresta se me precipita apenas por encima del Campo San Francisco.

"Con Vistas al Naranco" es mi grito agradecido a la vida y a mi entorno familiar y ciudadano.

Lleva razón Juan Cueto cuando autocritica a nuestra generación, "tan pelmaza y leida", aunque de aquí a poco no quedará vestigio del amor, sin duda pedante y ensimismado, que Clarín proyectó en su personaje Saturnino Bermúdez; bien sé que tampoco nos sobrevivirán los ecos de una guerra cruel que tatuó la división de los asturianos, más todavía que el mito de las dos Españas, y que tuvo al Naranco de pieza esencial.

Para bien contestarte, querida Marta Magadán, jefa de Septemediciones, tendría que volver a nacer, o a andar con presura, u olvidarme de los míos y de tantas lecturas y escrituras inútiles que oxigenan mi vida de político dedicado al áspero mundo que decía mi amigo poeta. Mientras la distancia de mi mismo no se produzca,el Naranco -y un poco también el Eo, que lo surca por alguna parte- va conmigo y así te lo envió con un beso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso escrito Antonio.
Quizás tu y la gente de entorneo que tienes a diario a tu alrededor,
pero para quien,como yo, he visto tu proceso a saltos sobre el tiempo
observó como se ha generado un hombre generoso, trabajador,culto,
estudioso, arropado todo ello con los años que nos da la vida y sus
experiencias.
Muchas cosas necesita Asturias de ti y cuando oigo quejarse a la
gente por si hay sol o lluvia, recuerdo a mi padre, y me digo;
Cada vez que mis ojitos se abran bienvenido al día con sol, con orbayu,
con esos grises tan asturianos, con los verdes y el Cantábrico a mi
lado
Con todo nuestro rico bagaje que llevamos dentro, hoy empieza la
vida.
Un abrazo
 

Anónimo dijo...

Precioso.Disfruta lo que queda de verano.Benjamín

Anónimo dijo...

Genial.Juan

Anónimo dijo...

Muy querido Antonio,          El introito a la edición “Con Vistas al Naranco” lo encuentro, entre otras metáforas,  sugerente de nuevos horizontes y, a la vez, añoranza de vegas que han llenado nuestras trojes y paneras de cosecha. El recuerdo debe ser “grito agradecido a la vida” que no debemos neutralizar en juegos solitarios de “play station” o en suspiros endecasílabos.          La montaña provoca, al calor familiar y a la responsabilidad ciudadana. No creo que tengas que tener ansia en estas importantes parcelas de tu vida. Las sigues cultivando muy bien, a pesar de aperos y aeropuertos. Te felicito.          Me resulta enigmátcia la alusión a Bermúdez, apellido muy castropoleiro. La verdad es que Alas era inmisericorde con don Saturnino: ·el  anfibio, para el que la arqueología era sucedánea del amor y de la que sabía tanto que parecía mentecato y al que, siempre de negro hasta los pies vestido. cualquier atuendo se le convertía en sotana”            Tú sigue “despierto con sueños personales y ciudadanos”. Me alegra que, puesto que las cumbres no te dan vértigo,  el Mondigo a tu derecha,  la Bobia, en el ángulo. y Pousadoiro a la izquierda te enmarquen el tranquilo discurrir del Eo hacia el ancho horizonte del mar.                   

Anónimo dijo...

Muy querido Antonio,          El introito a la edición “Con Vistas al Naranco” lo encuentro, entre otras metáforas,  sugerente de nuevos horizontes y, a la vez, añoranza de vegas que han llenado nuestras trojes y paneras de cosecha. El recuerdo debe ser “grito agradecido a la vida” que no debemos neutralizar en juegos solitarios de “play station” o en suspiros endecasílabos.          La montaña provoca, al calor familiar y a la responsabilidad ciudadana. No creo que tengas que tener ansia en estas importantes parcelas de tu vida. Las sigues cultivando muy bien, a pesar de aperos y aeropuertos. Te felicito.          Me resulta enigmátcia la alusión a Bermúdez, apellido muy castropoleiro. La verdad es que Alas era inmisericorde con don Saturnino: ·el  anfibio, para el que la arqueología era sucedánea del amor y de la que sabía tanto que parecía mentecato y al que, siempre de negro hasta los pies vestido. cualquier atuendo se le convertía en sotana”            Tú sigue “despierto con sueños personales y ciudadanos”. Me alegra que, puesto que las cumbres no te dan vértigo,  el Mondigo a tu derecha,  la Bobia, en el ángulo. y Pousadoiro a la izquierda te enmarquen el tranquilo discurrir del Eo hacia el ancho horizonte del mar.