viernes, 12 de agosto de 2011

La Sombra de Murdoch es Alargada




LA SOMBRA DE MURDOCH ES ALARGADA

"Otra indigna emboscada/de los secuaces subsiguientes, otra trampa/ruin de la cultura, asedia al incauto".
Caballero Bonald, De la Prensa.


En principio, poco que ver el título arbóreo, que tomo prestado de Delibes, referido en el inmortal vallisoletano a unos personajes provincianos, con el gran tinglado de Murdoch, millonario australiano, cuyos espionajes y pagos a la búsqueda de sensacionalismo han sido puestos patas para arriba en la Cámara de los Comunes. Se inició todo tras una valiente denuncia del periódico The Guardian. El director de ese mismo cotidiano, Alan Rudsbridger, señala que durante meses, quizá años, se seguirán descubriendo vicios apenas insinuados. El objetivo está ahora al otro lado del charco, donde Murdoch tiene en nómina a Sarah Palin, precandidata republicana, y a otros conspicuos dirigentes del radical Tea Party que tanto están desestabilizando la economía americana y, por ende, internacional. Mucho celebraría que abriésemos al tal Rupert Murdoch en Bruselas una investígación tan rigurosa como la de los colegas británicos. Y no sería nada descartable según se conozcan las deleznables ramificaciones de ese imperio mediático. La trampa ruin anticultural no ha de pescarnos de incautos del verso de Pepe Caballero.

En España, Murdoch tiene un bien renombrado asesor con alto estipendio. Sería muy importante aclarar si las prácticas del Reino Unido estaban en conexión con su oficina española, cuyas actividades deberían ponerse a la luz por el Sr. Rajoy antes del inicio de la campaña electoral, por aquello de prevenir y de no ocultar nada a los electores. En cualquier caso, el tentáculo Murdoch está ahí, al socaire del PP, y no es tolerable que permanezca sin transparencia total. Mientras, resultan bien sospechosos, además del sueldo del Sr. Aznar López, los desmedidos ataques contra la economía española e italiana del Wall Street Journal y otros puntos oscuros de la planificación del magnate ultraconservador.

Al final de su vida, Delibes, buena gente donde la hubiera, autocriticaba aquella su primera novela del ciprés, premiada con el Nadal. Don Miguel se refugiaba en la literatura de las dificultades que encontraba en la prensa de su tiempo, en la que fue, no obstante, ejemplar redactor y director.

Murdoch, por su parte, compareció ante los Comunes para pedir perdón. No será fácil que su consejero español tenga el rasgo de confesar cuál es su trabajo exactamente, pero aquí algunos, le pese a quien le pese, no hemos de callar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen artículo.Jo

Anónimo dijo...

Buen artículo.Jo