sábado, 4 de junio de 2011

Sí importa un pepino



María Muñiz, compañera parlamentaria, fue, enseguida, más rotunda si cabe que Josep Pucheu y Rosa Aguilar, del Ministerio español de Medio Ambiente y Rural, cuando se rechazó que fueran los pepinos patrios los causantes de la grave epidemia alemana de esta semana. María defendió atacando: "Lo único que está probado es que no debe viajarse a Hamburgo". Era una correcta forma de responder a las maledicencias y calumnias germánicas. Se ha rectificado por la senadora-ministra de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, pero, claro, no es menos cierto el sabio aforismo que sufre el campo español de "calumnia que algo queda". La crisis producida tiene una vertiente sanitaria y otra herida profunda muy grave de las irresponsables acusaciones sin pruebas que dejan secuelas irreversibles. Un veterano político, al que profeso gran afecto, de visita familiar estos días a Bruselas, decía, "es parecido a lo ocurrido hace veinte años con los limones españoles en Japón" donde también hubo falsas y dañinas imputaciones.

En el lenguaje popular se suele decir me importa un bledo, un pito, un coco, un comino o un pepino... Pues esta vez, no: el pepino importa y hasta qué punto cuando el consumidor europeo ha recelado de toda la huerta de nuestro país. Alemania ha actuado de forma irresponsable, poniendo la lengua a pacer, especulando sin localizar el foco y sin poner en manos de la Comisión europea competente la dirección de las actuaciones que afectaban gravemente a otro país miembro, muy celoso de la trazabilidad de sus productos. Esta prepotencia, esta actitud calumniosa, no puede quedar impune ni sin reparación. Esa desconfianza alentada desde el gobierno federal o desde las regiones (landers) es paralela a la que sufrimos constantemente en materia financiera. El proverbial europeismo y seriedad de Helmut Koln se resiente en su
discípula, Angela Merkel.

El gran autor de "El guardián del centeno", J.D. Salinguer, en su misantropía se retiró del mundo un buen día alimentándose de una dieta de guisantes congelados. Los calumniadores alemanes pretenden algo de eso, siempre hay intereses detrás que propician otros consumos. La respuesta española, como muy bien ha dicho la ministra y el secretario de Estado, contundente y aún, como dicen los entrenadores deportivos, "con presión en todo el campo".

1 comentario:

Anónimo dijo...

Está muy bien.Blanca