martes, 21 de junio de 2011

DOLORES MEDIO EN SU CENTENARIO

César González Ruano describe a Dolores, en los tiempos del Premio Nadal, con sus grandes gafas oscuras que impiden ver sus ojos. Con los años, sin embargo, la escritora se liberó de su voluntaria esclavitud a la vista ahumada para ver lo que podía al natural.
Aunque prefería el Naranco, murió, frente al Aramo, en el Sanatorio Blanco, hoy Clínica El Fontán, en la calle Padre Vinjoy. En el preciso instante de su deceso llegaba yo casualmente para felicitar su ochenta y cinco cumpleaños. Lo ha recordado su biógrafa y amiga, Carmen Ruiz Tilve.
No obstante, nobleza obliga también: José María del Viso y Rodrigo Grossi, ediles del PP, se portaron de forma excelente en los actos necrológicos tratándose de una personalidad de significación antifranquista.
Dolores es un eslabón importante de esa orla que hace de Oviedo la ciudad bien novelada, a que tanto se refirieron Alarcos, Manolo Avello, Cachero, Juan Benito, Evaristo Arce...: Leopoldo Alas, Pérez de Ayala, Sara Suárez Solís, García Pavón, José María Jove y, de alguna manera otros varios de muy primera fila literaria (José Avello, Fulgencio Argüelles, Bryce Echenique, George Perec...).
Fiel y activo con la memoria de Dolores, además de nuestra cronista oficial, es Víctor Alperi que está detrás de su Fundación y, ahora, de la entrañable publicación recordatoria que, con el patrocinio de la Consejera de Cultura y del Ayuntamiento, acaba de aparecer.
No se puede ser buen ovetense, y menos aún pasar por conocedor de nuestro inmediato pasado, histórico y cultural, asturiano si no se ha leído "Nosotros los Rivero".
El centenario es una buena oportunidad para la relectura o, como decía Italo Calvino, para justificar la actualidad de los clásicos.
Ya ningún filtro impide ver los grandes ojos de Dolores que son para siempre los de Lena Rivero e Irene Gal, sus personajes o ella misma.

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