sábado, 25 de junio de 2011

CACHIVACHE EN EL BÓSFORO


Estuve el pasado finde en Estambul, donde participé en la gran fiesta del español, que el Instituto Cervantes organizaba simultáneamente en cuarenta capitales del mundo. En la ciudad que tiene la virtud, en superficie y en profundidad, de ser europea y asiática, resultó todo muy bien, incluso diría que de gran emoción. El cónsul, Aurelio Pérez Giralda, en presencia de las autoridades locales y del anfitrión, mi tocayo Gil Carrasco, oriundo de Oviedo, director del Instituto, me invitó a tirar un globo hacia la orilla del mar con una palabra española, que casualmente fue "cachivache".

Por ese mismo azar, cachivache está en el libín que mi nueva editora, Marta Magadán, me saca para Octubre.

El lugar de Galata no podía ser más simbólico, con su Torre, de tanto significado medieval, que se divisa desde toda la gran ciudad. Allí mismo me hablaron de lo bien que lo hizo Joan Clos, exalcalde de Barcelona, como embajador, sin desmerecer al actual, que antes ejerció ante la U.E. bruselense, Cristóbal González-Aller.

Al soltar mi globo quise imaginar cómo allí precisamente se vigilaba la aparición, enfrente, de piratas tal el capitán del famoso poema romántico de Espronceda.

A un lado y a otro seguían estando Europa y Asia, pero no había apreciablemente ya corsarios a la vista.

Detrás de mi globo, salieron varios cientos con denominaciones y colores diversos. El viento los llevaba al Bósforo, como piezas- cachivaches- de una lengua en pleno auge y en todos los mares. En el único sitio que de forma absurda se pretende negar la pujanza del español es en las instituciones europeas, aquí en Brubru, cuando se quiere privilegiar al alemán y al francés en los textos de las patentes europeas.

En Estambul se incorporó, lógicamente de forma destacada, a la fiesta, Héctor Rodríguez Arellano, Consejero de México, país que aporta el mayor número de hablantes hispanos del ancho mundo. Todavía no sabíamos que la palabra votada "como la más bella" es "Querétaro".

También me topé con Javier Paredes, un rapaz ovetense que trabaja en esos pagos.

Cuando dejé la Torre de Gálata, mi globo había sido adelantado por la manada de cachivaches que siguieron al que llevaba su nombre. Estambul tenía todos los colores del mediodía y los que Miguel, gestor cultural del Instituto, bien se encargó que no faltaran de múltiples acentos hispanos. Cervantes, que estuvo también ahí, algo debió de ver cuando escribió "La gran sultana de Oviedo". Otros escritores han dejado huella en la piel de Estambul, desde Pierre Loti a Agatha Christie, pero ya todos reconocen que la fuerza del español, está ya muy en primer lugar.

Si no en la piel, el aire de Estambul fue invadido de hermosas palabras españolas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Foto chulísimao

Anónimo dijo...

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Estimado amigo y tocayo:



Me ha llegado por dos partes tu publicación sobre el Dia E en Estambul. Por un lado el Cónsul General de España me la ha hecho llegar y por otro el resumen de prensa del Cervantes recogió tu publicación el pasado lunes, por lo que quiero darte sinceramente las gracias.



La verdad es que tu artículo rezuma sabiduría y delicadeza y como no, me dejas en muy buen lugar.



Espero tener la oportunidad de que nos veamos nuevamente para agradecerte personalmente tu extraordinario detalle.



Un fuerte abrazo