sábado, 16 de abril de 2011

Palabras nuevas, billetes viejos

Robert M. Berry, director de la Agencia Associated Press, decía a César González Ruano en 1929: "Aún tienen ustedes demasiados articulistas teóricos, doctrinales. El periodismo costumbrista no interesa ya. El periodista ideal debe tener un gran sentido literario, precisamente para no emplearlo".

Cuando empecé, hace siete años, esta entrega sabatina, J.M. Vaquero e Isidoro Nicieza me advirtieron que una crónica exclusivamente política interesa poco. Pensé entonces alguna incursión literaria, como intento en el Parlamento, en donde apenas salen mis Saramago, Cervantes, Montaigne, Delibes, Cortázar, Malraux, Miguel Hernández, Cunqueiro, Camus, Sepúlveda, Clarín… El reto era acercar al asturiano a lo que sucede aquí espigando mi particular, y espero que no sectaria, experiencia inmediata. Mis conciudadanos están, hogaño, a la cabeza de los barómetros europeístas, y, antaño, teníamos el mito del proverbial reconocimiento de Madariaga y Ortega, mientras Marañón se refería a Feijoo, en su celda, por su preclaro europeísmo.

Haces un esfuerzo sostenido en esa línea de aproximación a Europa, a través de problemas regionales de fuste (efecto estadístico, carbón, Musel, precios lácteos, capitalidad cultura, Arco Atlántico, viticultura de montaña…), lo que una predecesora mía en el Pregón vaqueiro llamaba hace tiempo glocalización, o de decenas de menudencias de nuestra vida cotidiana, y aún con alusiones a asuntos infrecuentes (Chipre, Sahara...) , y cuando notas que hay respuesta y recibes cientos de mensajes de conocidos y anónimos, resulta que en un solo lapso semanal no es la crisis, sino la corrupción de algunos, el amarillismo de los tabloides, la incomprensión del complejo sistema de votación, sus yerros y la torpeza de varios portavoces, que empañan la imagen de trabajo que impera, a no dudar, en el Parlamento, con la que te sientes comprometido y es tu razón de ser, en tu plena integración en el gran telar multicultural, partidario y societario, nacional e internacional.

La aceptación de sobornos por despreciables colegas, la presión lobista en todo el campo y la ilimitada torpeza en manejar la enmienda, procedente o no, sobre los billetes de desplazamiento semanal, genera un tufillo abrumante, difícil de neutralizar en tu misma circunscripción con la autocrítica, la explicación de lo sucedido, la respuesta individualizada a todos los que te han escrito sin insultar y/o hablando de lo que me afano (refugiados, control de auditores...) Fue una semana en que intervine, aunque fuera de pasada, con utópica ilusión de Gibraltar y de la pena de muerte en América, a la vez que asistí a los grandes debates de la crisis económica y de la guerra en Libia, mientras nadie me advirtió- y no es disculpa- que detrás de un guarismo anónimo se escondía la enmienda de marras sin debate alguno y bajo un epígrafe que nada la anunciaba tampoco.

El Parlamento es una gran caja de resonancia, una herramienta fiscalizadora democrática y un órgano de codecisión. Tal como están los Tratados resulta trascendente en la vida de la ciudadanía, aunque ésta pase y se consuma en el griterío de la red, a veces, con toda razón. Cabe que se cuele una enmienda pero es preciso que funcionen las alarmas de control.

No lo dijo la Associated Press sino nuestro poeta: "Habrá palabras nuevas para la nueva historia y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por otra parte, no sé cuáles son las condiciones de los diputados nacionales y autonómicos. Si cambian las vuestras en cuanto a los viajes en avión, no tendría mucho sentido que los diputados nacionales volaran en clase business.


En todo caso, como principio general, más allá del contexto de crisis, yo creo que si se plantea un ahorro público lo lógico es apoyarlo, procurando evitar confusiones y justificaciones de tipo formal.


2º.- En cuanto al texto, sólo algunas cuestiones de estilo. La segunda frase del segundo párrafo ("Ver mi nombre" hasta "de sus propias frustraciones") es demasiado larga y no se entiende bien. Después de "honor calderoniano" debería haber una coma. Pártela en dos frases como mínimo para que podamos respirar, no hay que abusar de oraciones subordinadas.


La siguiente frase la comenzaría "Y pudieron informar...", ya que en el anterior párrafo dices que pudieron "analizar y preguntar antes de publicar y difundir". Pero esta frase también es muy larga y difícil de entender. Yo la pondría así:


"Y pudieron informar, por ejemplo, que se votó el título de un mero guarismo, con una lista de voto que no decía de qué se trataba, una enmienda que no fue debatida en plenario y que había sido rechazada por los portavoces parlamentarios europeos por no corresponder al epígrafe del informe ni era, a juicio de nuestros colegas y jefes de fila, el momento procesal adecuado

Anónimo dijo...

No estoy en condiciones de valorar el fondo de una cuestión que desconozco, sólo lo seguí algo a través de la prensa. Estoy a favor de reducir drásticamente el gasto corriente en todo lo suntuario e innecesario, pero centrándonos en partidas más determinantes: supresión de Senado, Diputaciones Provinciales y Subgobiernos Civiles, edificios, sedes y coches oficiales, control de los gastos de representación y dietas, reducción del número de comisarios, parlamentarios, sedes y burócratas europeos, etc. Lo de vuestros billetes no creo que afecte a la crisis económica mundial.


Y lo de veintitrés idiomas oficiales en el PE es un desatino y un ejemplo de cómo va la UE, una casa que se construye con los pies. Debería ser sólo el inglés. El que no sepa inglés que no vaya, que no se dedique a la política internacional, punto. Mira cómo lo domina Aznar, con acento tejano y todo.


Sin embargo, el efecto de la votación a través de la prensa fue demoledor para vuestra imagen. Peor para los socialistas que para los del PP, que se mantuvieron en sus trece y no sorprendió a nadie porque para eso son de derechas. Pero los de izquierdas lo tenéis mal, porque tenéis que estar dando ejemplo moral y público de manera permanente.


Durante dos días todo eran contradicciones desde Ferraz entre la abstención "ordenada" por Elena Valenciano y el voto negativo que quería Jáuregui. Y todo ello para una votación que ya se había producido, sólo para que constara en acta el sentido de voto de los eurodiputados socialistas españoles. Aunque la gente ya está más que acostumbrada a estos fallos y descoordinaciones tanto de Ferraz como del gobierno, no sorprende una más.