lunes, 4 de abril de 2011

Niemeyer




Asistí a la inauguración del Niemeyer, avilesino, asturiano, iberoamericano, como dijo Enrique Iglesias, europeo, universal…Bien sentí perder a Woody Allen, Víctor Manuel, Serrats, Kevin Spacey… ¡La repera! Las formas, la blancura, la rótula ciudad-fábrica- ría me dejaron boquiabierto.

Ante la ría, mis añoranzas iban a la pesca de panchos y al baño cristalino en San Balandrán, mientras tía Lelé Hidalgo vigilaba y pintaba marinas. Recuerdo bien aquellas pioneras exhibiciones de esquí náutico y lanchas “fuera borda”, con gradas para espectadores y decadentes casetas de apuesta. El progreso lo ensució todo, también la nostalgia, como un famoso documental de Javier Macua.

Muchos años luego, daba yo palabras, como Vicepresidente, en una reunión de CADASA. Los Ayuntamientos de Gijón, Avilés y Oviedo estábamos abrumados, tal personajes de Álvaro Cunqueiro, por una vieja deuda de varias décadas que se hacía insoportable, sin recibir entonces ni un hectómetro de agua. Manolo Ponga intervino: “He visto el Támesis. Nuestra presencia societaria solo se justifica si conseguimos una ría completamente limpia”. Conocía la prudencia de Manolo sino hubiera creído que hablaba un iluminado cunqueirista. Y quizá fuera, en efecto, un iluminado, como luego Santiago solventando problemas de urbanismo, contaminación de Valliniello y demás. Y, ahora,¡el Niemeyer! Para lo que hubieron de surgir otros hacedores de imposibles-¡qué bonita expresión acuñada por Garrigues Walker!- como Graciano García y Álvarez Areces, con Pilar Varela y la ejecución gerencial de Natalio Grueso. El flechazo de la Alcaldesa superó vientos y mareas, obstáculos de dentro y de fuera, a que tanto acostumbra nuestra propia adorada región.

En Oviedo del Niemeyer se maldecía con sarcasmo ya olvidable. Poesía satírica más dura tuvo la Torre Eiffel: "Notre Dame de la quincalla", la llamaba Sully Prudhomme; "Esqueleto desgarbado cuya base pretende ser un gran monumento al Cíclope", se ensañaba Maupassant.

Por cierto, hay obra asturiana de Eiffel, en la Lena de mis admirados Alcaldes, Cienfuegos, Baquero y Hugo Morán. Quizá Constantino Rebustiello, “el corresponsal total”, que decía Eugenio de Rioja, habrá escrito que Eiffel estuvo allí haciendo pruebas de resistencia de su puente.

En Oscar Nimeyer es todo fabuloso, empezando por ese gesto clarividente que me recuerda conversaciones en su día con otros centenarios: Ernst Jünger, Paco Ayala, el canónigo Don Luciano, Veneranda Manzano...

Ramón Jáuregui con bonhomía, tan infrecuente, pero necesaria, en política, agradeció al Presidente Areces su entusiasmo y labor.

De regreso a casa del Niemeyer, el Sagrado Corazón resplandecía en el Naranco. Lástima que, contra lo que sucedía esa tarde noche en el original del Corcovado, tan cerca del genial arquitecto, faltase sensibilidad para adherirse a la hora del simbólico apagón internacional

Entre los retos de la próxima Consejería de Cultura, estará, sin duda, rematar el Museo de Bellas Artes y perfilar que las insólitas colecciones de asturianos eméritos (Masaveu, Plácido Arango, Pérez Simón, Pérez de Castro….) completen algún día el espacio emblemático de la Plaza de la Catedral.

¡A la tarea!, de nuevo ¡amigos de lo imposible!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Como además he conocido en algún momento de mi vida a personas a las que citas (Don Luciano y Ramón Jáugueri) o, sin conocerlas, es como si las hubiera conocido (Francisco Ayala o Veneranda Manzano), es todo más entrañable.B

Anónimo dijo...

Merecido, amigo Antonio, más hermoso y justo aún que tantas otras veces. Nos sentimos felices en tus palabras.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Eres el cronista virtual de la Comunidsad.Salud y Gracias.Mnolo

Anónimo dijo...

Buenísima tu columna!!.Un abrazo.Marivi

Anónimo dijo...

Pues si...... Beso de COCOLISO
MB