martes, 26 de abril de 2011

Centenario de Dolores Medio


A Dolores Medio la visité en su última morada en la calle Jovellanos, donde firmó para mis hijos y para mí las traducciones de sus novelas al ruso con el Naranco al fondo.

César González Ruano describe a Dolores, en los tiempos del Premio Nadal, con sus grandes gafas oscuras que impiden ver sus ojos y que también, pienso, trastocarían para ella los colores del Monte a lo lejos. Con los años, sin embargo, la escritora se liberó de su voluntaria esclavitud a la vista ahumada para ver lo que podía al natural. Murió, frente al Aramo, en el Sanatorio Blanco, hoy Clínica El Fontán, en la calle Padre Vinjoy. En el preciso instante de su deceso estaba yo llegando a verla para felicitar su ochenta cumpleaños. Lo ha recordado su biógrafa y amiga, Carmen Ruiz Tilve, que me atribuye el honor de haberme acordado.

No obstante, nobleza obliga: José María del Viso y Rodrigo Grossa, ediles del PP, se portaron muy bien en los actos necrológicos.

Acaba de aparecer el inédito del esquema de la novela que Borges quiso escribir, "Los Rivero", del mismo nombre que la familia protagonista y titular de “Nosotros los Rivero” de Dolores. Ambos autores no se conocieron ni seguramente tampoco se leyeron pero los personajes de novela, incluso sus nombres, son una nómina limitada que se va repitiendo y de la que los creadores tiran luego para entrar en el mundo de la ficciorealidad.

¿“El aguilucho” y “Ranita” son personajes del ambiente ovetense de Dolores Medio o del grupo SUR, al que pertenecía el inmortal bonaerense?

Hay quien puede sonreír con que una a dos categorías tan dispares como el gran argentino, al que negaron el Nobel, y nuestra entrañable Dolores, ganadora del Nadal. Es absurdo, sin duda, pero más todavía que Borges haya planeado en el secreto de la intimidad “Los Rivero”, Dolores Medio opte por ese título, años después, y ahora aparezca el gran descubrimiento del inédito borgeano. Las escrituras nada tienen que ver, en efecto, mientras los títulos y los nombres de los personajes, en cuanto son pensados, se van a un archivo, muy anterior al de google o de apple, incluso también al de “La sombra del viento” de Ruiz Zafón, pues además de virtual, la creación narrativa, antes de haber sido globalizada, dio lugar a anaqueles mágicos, intercambiables, como los actuales archivos de internet.

Además, ya que cito a Carlos Ruiz Zafón, su “cementerio de libros olvidados” fue pensado antes por Don Carlos Canella, con la categoría de Panteón, en su piso de la ovetense Fruela, 9, referido a los asturianos ilustres, y ahora ha sido rescatado gracias al mimo del Dr. Tolivar Faes, que tanto cuidó de la vida enferma de ese sabio inédito y tan poco conocido. En definitiva el archivo de los Canella, de Clarín y del propio Tolivar fue conservado después por los hijos de médico tan humanista, Ana-Cristina y Leopoldo, que lo han hecho resucitar todo, en la Biblioteca Pérez de Ayala, de El Fontán.

Todo ha sido pensado y soñado más de una vez, en efecto, la cuestión está en saber traducirlo al lenguaje de los humanos distraídos de la literatura.

En fin, espigo aquí algo ya escrito y he de hacer una columna nueva con ese motivo del centenario saludando el libro que leo en prensa ha publicado la Fundación DOLORES MEDIO, su incondicional Víctor Alperi, y el Ayuntamiento de Oviedo y la Consejería de Cultura.

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