miércoles, 9 de marzo de 2011

Morir de lector



Juan Cueto acaba de decir: “los de mi muy leída y pelmaza generación, que impidió surgieran otras más divertidas y jóvenes…”

Don Quijote se volvió loco con la lectura, también Ana Ozores y Antonio José Bolivar Proaño, el personaje de “Un viejo que leía novelas de amor".

Ahora, leyendo de un brinco las entrañables memorias, íntimas e inéditas, de Renato Ozores, un exiliado republicano, que su familia ha tenido la bondad de dejarme, me entero, entre muchos detalles apasionantes, de pinceladas de la muerte en México del ovetense José Loredo Aparicio, atropellado por un tranvía mientras leía un libro. Loredo fue un abogado de azarosa vida: primer editor español de la revista de Trotski contra Stalin, Secretario del Consejo Soberano de Asturias y León, declarado oponente, hasta el heroísmo, de los paseos durante la guerra...Ya escribí sobre ese personaje en la Gran Enciclopedia Asturiana. Sé que el tenaz investigador Jesús Mella trabaja en esa biografía. Ozores tenía a Loredo como lector empedernido, víctima de su afición. Rafael Fernández Tomás mantiene también un recuerdo infantil de esa muerte.

Me imagino a Loredo antes, en Oviedo, ya enfrascado en sus libros, siguiendo por el rabillo del ojo la línea de la vía y sorteando convoyes de proverbial lentitud. En México le salió al paso un tren, más veloz que los vetustenses, con un conductor distraído que no frecuentaría la demasía libresca de nuestro paisano.

En esta misma columna sabatina, me preguntaba si los escritores, de los dos bandos, que estuvieron en la Loma del Canto a tiro limpio (Pérez Solís, Jesús Ibáñez-quizá el William B. Arensberg de Úrculo-J.M Castañón, Jesús Evaristo Casariego, Alberto Fernández, Javier Bueno, Vázquez Prada, Celso Emilio Ferreiro…) fueron personajes de ficción y el auténtico habría sido el padre de Artemio Cruz, de la novela de Carlos Fuentes, que también se encontró en ese preciso lugar bélico. Ahora me planteo con Loredo, ¿fue más irreal y temerario en sus lecturas que Don Quijote, Anita o Antonio José Bolivar?¿Cuáles son ficticios, si Alonso Quijano, o Quijada, existió, la Regenta, según Ernesto Conde, también, y para “Un viejo…” he de consultar todavía a Luis Sepúlveda, su creador, aunque bien me llega la verdad de la genial mentira literaria.

Javier Cercas recuerda que el treinta por ciento de los británicos creía que Churchill era personaje de ficción; en mi tiempo municipal, el 8% pensaba que el Alcalde era mi padre, fallecido veinte años antes.

Hace más de diez años pedí una calle para Renato Ozores, de importante obra literaria y jurídica, solo en parte recogidas en la Pérez de Ayala de El Fontán. Me había emocionado su ovetensismo, impoluto tras largo exilio. Sigo creyendo que la merece, aún más si cabe tras penetrar en la intimidad de su memoria familiar.

Y no es personaje de ficción precisamente, aunque no deje de tener un punto legendario.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Soy la hija de José Manuel Castañón y sé que apreciaba a mi padre. El sábado leí en la Nueva España la columna dedicada a Renato Ozores, otro gran olvidado como mi padre. Quizás la equivocación que cometieron ambos, fue haber escrito su obra fuera, Renato en Panama y mi padre en Venezuela. Siempre en mi casa se hablo de Renato Ozores y era el padrino de mi hermana. Gracias por recordarlos. Saludos."


Guillermina Castañón