sábado, 5 de febrero de 2011

Acerca del Gran Pacto

Hace días asistí al entrañable acto de homenaje a Amador García. Se retiraba de la Presidencia del Comité de Empresa de la Fábrica de la Vega, pero no de sus actividades sociales. Amador me pareció siempre un ciudadano y sindicalista de calidad, que dio protagonismo a los trabajadores armeros, de los que tanto hablaba ya La Regenta. Él y los suyos aportaron siempre alternativas viables y dialogantes que contribuyeron a que la fábrica siga ahí, aún con la sombra eterna de la especulación urbanística. Pertenece a los imprescindibles que decía Brecht; bien lo pude comprobar en mis lejanos tiempos municipales.

En el acto, que resultó largo (nuestros sindicalistas precisan un instructivo paso por este Parlamento donde solo permiten el uso de la palabra por uno, dos o tres minutos y, a lo sumo, cuatro), pude escuchar la opinión cualificada de Manuel Fernández, "Lito", sobre el pacto social.

Con Lito gasto amistad tras haberme valido, durante la primera legislatura autonómica (83-87), de su magisterio, lo mismo que de los otros tres diputados-sindicalistas (Fernández Villa, Suárez y Rodríguez Heres). En las palabras de Lito creí ver la puerta del acuerdo próximo y así se lo dije. Sabía que el Pacto estaba destinado a ser recibido con verdadera distensión en los llamados eufemísticamente "mercados" y, en general, en todos los círculos bruselenses, como así ha sido. España no puede arrostrar el paralizante desprestigio de su deuda, sobre todo privada, y todos los gestos, y más éste, son bien valorados internacionalmente. Me alegraría también que el PP firme, a poco que interrumpa el cortoplacismo. Los grandes partidos han de ir juntos en los grandes asuntos (lucha contra terrorismo, europeísmo, estabilidad económica...). Churchill, uno de los mejores políticos, sino el mejor, del siglo XX se dejó acompañar del laborista Atlee en los Acuerdos de Paz. Los analistas vaticinaban entonces el triunfo electoral clamoroso del líder liberal conservador, que tuvo, antes, un gran gesto para que el nuevo Premier conociese lo que inmediatamente le tocaría gestionar al alzarse con su inesperada victoria.

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