miércoles, 19 de enero de 2011

CON CATALUÑA, SIEMPRE VANGUARDIA CULTURAL



Luis Villadevalls, mi, digamos, contrapariente, me ha hecho rememorar un viaje a la Barcelona de los sesenta cuando contacté con la oposición democrática catalana, en la que estaba la orla de un médico de nombre Jordi Pujol que había sido torturado en Comisaría:

Visité la redacción de El Ciervo, donde ya colaboraba con los hermanos Gomis, a Alfonso Carlos Comín, en Nova Terra, a Maurici Serrahima, prologuista de Marcel Proust en la edición de Plaza y Janés…También estuve en una actuación memorable de la llamada Nova Canço, con Pi de la Serra; luego en el consulado de Cuba, en el Grupo de Teatro Adrià Gual, y en una cena de homenaje a un clérigo, amigo de mosén Casimir Martí, al que habían secuestrado un libro con sentencia del T.O.P. En Barcelona los demócratas, a diferencia de Asturias, hablaban en voz alta en los bares, seguros de que los desconocidos no tenían porqué ser policías de la social, aunque es famosa la anécdota, de ese mismo tiempo, en que Carlos Barral, José Agustín y otros poetas- no sé si el novelista García Hortelano, también- sospecharon que Ángel González, tan callado y discreto, pudiera ser un infiltrado hasta que una llamada a Vicente Aleixandre desfacería entuertos.

Por aquellas calendas había movilización general contra el nombramiento de Don Marcelo González como Obispo auxiliar, en un intento de repetir el gran plante exitoso que había habido frente a Luis de Galinsoga como Director impuesto y provocador de La Vanguardia. En esos días, también, la juventud española comprometida leía con fruición los poemas de Salvador Espriu que originalmente había popularizado un cantante valenciano, Raimon, al que yo conocía ya de una visita que hiciera a Bilbao.

Barcelona lo era todo para nosotros, incluso conocí antes a los Goytisolo, Barral, Jaime Gil de Biedma, catalanes que escribían en castellano…que a Ángel González, con el que tanto intimaría después. Y eso, poco después, la literatura catalana se siguió reafirmando a través de la divulgación de Lluis Llach, la Bonet y otros varios. La antología de Castellet ha jugado un papel histórico y nadie resultó neutral cuando el catedrático de Barcelona José María Valverde, solidarizándose con Aranguren, dijo aquello de “nulla estética sine etica previa, ergo apaga y vámonos”; tampoco fuímos impasibles con la gran repercusión de la capuchinada; o las reafirmaciones pontificales de Escarré en Montserrat, o tantas cosas que están en nuestra memoria profunda. Ejemplar y unitario era el desvelo de iniciativas, tan serias de solidaridad internacional que cristalizaron en el CIDOB y, antes, en los prolegómenos del entrañable Josep Ribera en su despacho de Lluria, 125.

Pero no eran solo las muestras de oposición sino que a través de Papeles de Son Armadans, supe de las novelas de Llorenç Vilallonga, y estaban los artículos de Luján, Nadal, Porcel, Cirici i Pellicer y el grupo Destino que nos mantenían a la page, incluso con escritores tan españolistas como Dionisio Ridruejo o el pucelano Jiménez, experto en religión. Conservo las cartas en que la revista agradece uno a uno los giros postales de quince pesetas por cada número que secuestraban y que, en solidaridad, pagábamos igual que si el ejemplar hubiera llegado al quiosco. Cataluña tenía un lector de referencia de El Quijote en Martí de Riquer, aunque Emilio Alarcos afeara el partido que le sacaba a su brazo perdido, a la manera de Cervantes y Valle, en el bando franquista el último día de la guerra. Y con Riquer, reconocido, digo, caballero mutilado, y los demás estaba el acento en Tirant lo Blanc, que, según Aida, mi hija, sigue siendo la única cita catalana en los libros de bachiller (yo, sin embargo, recuerdo la mención, en pequeñito, a Ramon Llull, a Ausias March y a Verdaguer). A través de Barcelona algunos supimos del mindoniense Álvaro Cunqueiro, genio entre los genios. En Barcelona estaban Mario Vargas Llosa, que editaba en Biblioteca Breve, y un desconocido aún Gabriel García Márquez, que ya trataba Manolo Lombardero, desde su atalaya de Planeta. Lara precisamente tomaba el aperitivo en una terracita en la acera de los pares al final de Balmes donde cada mediodía los tertulianos escuchaban- escuchamos- las genialidades de su gracejo entrecortado, que progresivamente se despegaba del régimen con el que había aterrizado en la ciudad.

Hoy día no quedan apenas huellas apreciables de aquel, digamos, seguidismo total a Cataluña y a todo lo catalán. ¿Qué ha pasado? Cataluña ha crecido exponencialmente en materia cultural como todo España, sin duda; no obstante, de repente, se ha producido un desenganche en los últimos años, precisamente los de mayor libertad y autonomía. Está insuficientemente estudiado el grave yerro, y aún la herida dolorosa ("La herida luminosa" era una pieza, con pretensiones místicas, de José M de Segarra), de la artificial ruptura, tan política, del llamado valenciano, cuya existencia como tal me era completamente ajena.¿De dónde es Martorell?,¿y Fuster? Gironella y Pla son catalanes de pura cepa, gerundenses, pero no parecían ejercer del todo. ¿Es hora ya de reconocer que todos, absolutamente todos, nos dejamos arrastrar por la interpretación martinvillista del desarrollo constitucional con el deleznable "café para todos"? Y la misma Constitución consagraba, sin embargo, la mayor de las discriminaciones con la resurrección paradigmática del cupo vasco. Y entre los tumbos de los que apenas se habla, en los que llevo años insistiendo, está que en algún momento una verdadera auditoría del proceso autonómico podía quizá haber recomendado que en lugar de mayor número de transferencias cupiese la devolución de las mal evaluadas o gestionadas o improcedentes en algunos casos con carácter general. Claro que las autonomías han sido benéficas, con carácter general,, para España pero es triste que, a estas alturas, haya recelo, incluso miedo, ante cómo se comportan las autonomías en la disciplina del drástico proceso económico de la crisis. Las autonomías, o las naciones de España, o quien quiera que tenga residenciada la competencia, deberían ser las primeras en ponerse a favor de evitar crisis económica que desvirtúa y deslegitima el poder descentralizador y autonómico.

De aquellos benditos sesenta en el País Vasco, antes de la aparición de la excluyente ETA, cuando el terror era ejercicio exclusivo de la policía, recuerdo un texto que sacaba partido a la biografía de Tomás Meabe, personaje mítico, antiguo peneuvista, que en tiempos del abuelo, Pablo Iglesias, se había pasado al socialismo democrático en la celebración festiva de un primero de mayo. Esa publicación, con alguna tipografía naif, se había colado a la censura y la manejábamos en la tertulia sabatina de “La Concordia”, donde oficiaban Blas de Otero, Agustín Ibarrola, José María Laso…El libro hacía una referencia expresa a Meabe: no es buen español el que no sabe, Meabe, las cuatro lenguas de España. No volví a leer semejante aforismo hasta un folleto de Aquilino Duque Amuscio, el poeta sevillano de tan errática traza política, sin cita alguna a Tomás Meabe. En cualquier caso ¿quién sabe hoy gallego, euskera y catalán? Le ocurría a Miguel de Unamuno y, en mi casa, a Julio Masip Acevedo, hermano de mi padre, que dominaba el portugués y probablemente no tanto el gallego diferenciado de hace cincuenta años. El gallego de Castelao y Rosalía pugnaba por dotarse de una identidad cuyos epígonos más politizados no llegarían bien seguramente a mi bondadoso y admirable tío, políglota de ¡doce o trece lenguas! Tío Julio no tenía problemas con catalán y vasco hasta el punto que sí tenían problemas con él algunos miembros de la familia que, siendo de lengua materna catalana confesaban dominarla peor.

Se han cometido demasiados yerros en la relación Cataluña/España. Las discusiones y vicisitudes de la elaboración del Estatut ha quebrantado la salud y la estabilidad de esa relación vertebral necesaria. Y entre tantos dimes y diretes el respeto cultural se ha resentido. En Cataluña la intelectualidad sigue muy de cerca todo lo que sucede en España porque forma parte del mismo e inseparable conjunto, pero me temo que ya no ocurre al revés, ¿qué sabemos de las nuevas letras catalanas?.

Pere Gimferrer es académico de la española de la lengua, pero no un poeta precisamente leído como lo fue el grupo de los cincuenta. Dicen- decían- que Gimferrer pudiera ser el primer Nóbel de lengua catalana. Lo he vuelto a seguir cuando en mi estancia en la Clínica Guttman de Badalona coincidió con su discurso conmemorativo del centenario del Ateneo de Barcelona. Claro que Gimferrer, con el que, a través de nuevo de Lombardero, mantuve algún contacto sobre nuestro común interés por Céline, es importantísimo pero no traspasa en la piel de toro nivel mínimo de conocimiento social.

Barcelona sigue estando a la vanguardia cultural aunque no se reconoce ni se asume bien, salvo quizá en las aportaciones teatrales y, en general, escénicas.

Y no solo hay un desenganche catalán. El inglés y el audiovisual se comen gran parte de mi dieta. Hace unas semanas confesé públicamente, desde mi estulticia, a un grupo de diputados franceses que yo me había quedado en Margarita Duras y Julien Gracq pero que ni siquiera había leído el Goncourt, Houellebecq, tan peculiar y conocido por su cercanía a Arrabal y porque poblaba los escaparates. Mi curiosidad por la Literatura de Francia, mi segunda y apasionada lengua, está en crisis, cuánto más por el catalán, sobre el que una fría reflexión debería llevarme a la autocrítica.

FERRAN MASCARELL

A mí me parece que el nuevo govern de la Generalitat, en estos momentos de penuria inversora cultural, hace un guiño importante con el nombramiento de Ferran Mascarell. No deberíamos cerrarnos al aspecto muy circunstancial de que se trata de un desafecto al socialismo, infiel, desde luego, a todas luces, al gran esfuerzo medular que hemos heredado de Joan Raventós.

Mascarell ficha por un proyecto social regresivo, sin embargo, ¿por qué no intentar fijarse en una personalidad que tuvo la confianza del PSC en puestos tan relevantes del Ayuntamiento y la Generalitat en materia cultural y que se ha comprometido en tantas peroratas sobre la cultura catalana de hoy? Una vez que el propio conseller camine, podremos criticar quizá pero antes,¿no cabe seguirle con alguna esperanza?. Ya sé que sus límites de actuación son muchos y que la orientación nacionalista del Presidente Mas puede conducir al desastre con su particularismo de vuelo bajo pero el momento es capital para coser la falta de vertebración cultural con el conjunto de España. Para la cultura catalana sin duda la apuesta va a estar en insistir en su identidad, para mí, sin embargo, me interesa conocerla mejor, casi diría que recuperarla porque noto su vacío en mí mismo. Temo que se me convierta en crónico el proverbial despiste del personaje de Carmen Laforet cuando llegaba a la estación-¿Sants?- sin que me quede tiempo ya para alcanzar los anaqueles de los poetas idos de “La sombra del viento” y otros prodigios, que me estoy, sin duda, perdiendo.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

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¡QUÉ INTERESANTE Y QUÉ PREOCUPANTE¡


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡CUANTOS ERRORES AJENOS.PERO MUCHO MÁS PROPIOS¡¡¡

ABRAZOS

gerardo

Anónimo dijo...

Antonio:
Artículo interesante. El nombramiento de Mascarell, hábil jugada de Mas, es la prueba de que el nacionalismo catalán, tanto cultural como político, es transversal, que abarca a CiU y al PSC y se extiende a ERC e ICV. En realidad, cualquier dirigente de cualquiera de estos cuatro partidos podría ser conseller de Cultura en un gobierno de cualquiera de los otros. Y de otras cosas también.

El problema de la cultura catalana es su ensimismamiento particularista, que ofreciendo cosas interesantes la aisla de otras corrientes culturales. Barcelona se salva en parte de ello porque es una ciudad grande y más cosmopolita. Pero el nacionalismo cultural catalán es un freno para la ciudad.
Muchas compañias teatrales, actores, dramaturgos y cineastas se han trasladado a Madrid para abrir sus horizontes, y no sólo económicos o profesionales. El modernismo, Dalí, Picasso, Casas, Miró, Espriu o la Nova cançó son ejemplos de fuerza creativa. Pero frente a ella vuelve el ensimismamiento del Forum de las Culturas (megalomanía fracasada), la política lingüística o la polémica provinciana sobre los escritores catalanes en lengua castellana, que no son considerados como parte de la cultura catalana.

Frente a una cultura catalana vanguardista, cosmopolita e interesante, hay otra cultura nacionalista, provinciana y cerrada. Hay que distinguir una de otra.

Un abrazo.

Dany.

Anónimo dijo...

Querido amigo Antonio:
Especialmente hermoso, necesario e interesante este artículo-memoria sobre nuestra querida Cataluña. Me gustaría que lo leyeran muchos de los nuestros y muy especialmente todos los jóvenes que alimentan su sensibilidad con la cultura de la memoria histórica y su preocupación por estos tiempos difíciles. Me ancargaré de enviarlo a cuantos de ellos pueda.
Un fuerte abrazo
Javier Vallina

Anónimo dijo...

Me gustó tu art sobre Barcelona y lo autonómico.Lo podrían publicar en una Tribuna de EL PAÍS QUITANDO LO QUE HABLAS DE TÍ.Todas las cosas que había en Barna,por ejemplo,está genial pero tienen valor por sí mismas, no porque las vivieras tú solamente.Mar

Anónimo dijo...

Sí también pienso q deberías publicarlo corregido.María

Anónimo dijo...

Me pareció el escrito muy oportuno, con mucha carga emocional y con ese toque cosmopolita que tan bien le va asunto. Todas las referencias que tengo de Mascarell son buenas. A mi esas cosas de los abandonos y de los cambios me las tomo con mucha filosofía. Aunque creo que en Catalunya son muchos los socialistas cuyo cariño y respeto por él ha quedado defraudado. Yo creo que tu tratas el tema sin melodrama incorporado. Yo desde luego lo agradezco.

Con lo de los traductores del senado se está llegando a unos extremos de incultura y de burricie que clama al cielo. que la derecha vaya por esos registros no extraña nada pero que algunos como Guerra y Bono en su jacobinismo lleguen a donde llegan me deja verdaderamente preocupado sobre su estado de salud mental. Parece que algunos siguen con la caspa española...AA

Anónimo dijo...

Lee lo que ha escrito en La Vanguardia X Rubert de Ventós

Anónimo dijo...

...leí muy rápido no estoy muy aguda en estos momentos...pero así como me parece que denuncias ciertas posiciones anticatalanas, etc,,,muy bien y comentas hechos que hay que conocer, etc....me parece que no haces ninguna crítica a lo que está pasando en cataluña con la política de la lengua que es un tema importantísimo. No creo que ayude mucho un artículo así a Cataluña /España que es lo que tu intentas acercar.Lo siento. Son los politicos los que han fomentado este mal rollo y la prensa por encima de todo...pero eso deja poso en general en la gente, sobre todo cuando se agitan los viejos y terribles fantasmas, como ellos hacen. Besito Cris

Anónimo dijo...

Querido amigo Massip, quizás levante polémica, pero es certero y realista, no sólo en el campo político marcaban la pauta, sino en el educativo, influyeron notablemente en propagar la pedagogía de la escuela Montessori, y también en organizar al clero para despertrarlo de su sueño nacionalcatólico, incluso organizaron a través de Asturias una cadena para rescatar a presos víctimas de la dictadura de Salazar. Mosén Dalmau, autor de varios libros (Distensiones cristiano-marxistas, Contrapuntos al Camino de Escrivá, libro este último que los del Opus se encargaron que desapareciese, robándolo incluso de bibliotecas particulares). Lo que dices en tu artículo es sencillamente hacerles justicia, ¡enhorabuena! Luis

Anónimo dijo...

Tus comentarios sobre la vieja Barcelona son emocionantes y tus consideraciones sobre las relaciones Cataluña/España son preocupantes. Espero poder contribuir a mejorarlas. En cualquier caso gracias por tus reflexiones.



Saludos cordiales,



Ferran Mascarell

Conseller de Cultura

Anónimo dijo...

He releído tu artículo.

También en economía y empresa Cataluña fue el gran referente durante esos años…. Que ahora ya parecen en el desván….

Aunque confieso que no sé si ese “desapego” frente a Cataluña se debe al desconocimiento del resto de España de lo que ocurre allí o más bien a un “provincianismo sobrevenido” que parece haber reinado en aquellas tierras durante los últimos lustros….



Un abrazo,

J.