lunes, 20 de diciembre de 2010

En la muerte de Rafael

La muerte, ligero de equipaje, de Rafael, me ha reavivado el recuerdo de cómo le conocí.

Un abogado ovetense, Saturnino Escobedo, que había defendido a centenares de personas en el Gijón de la guerra, me llamó la atención, al comienzo de los setenta, sobre el insólito funcionamiento de los Tribunales Populares:”A partir de Octubre del 36 apenas hubo penas de muerte, persiguieron a los bandidos que paseaban, funcionaba el Colegio de Abogados”. Don Saturnino me animaba a realizar mi tesis doctoral sobre el ejercicio del Derecho a ambos lados de las líneas de fuego. Así contacté con Juan Pablo García, Presidente del Tribunal, Renato Ozores, Fiscal, y otros varios hasta llegar a Rafael Fernández, que a sus veintidós años fue Consejero de Hacienda y luego de Orden Público y Justicia. En Marzo de 1973, aprovechando mi viaje de novios, me cité en México con varios protagonistas del exilio republicano, a los que ya cruzaba estrecha relación epistolar. Entre todos los que Eloina, mi mujer, y yo saludamos entonces, Rafael- y Puri, claro- descollaba por su proximidad al momento político, pues tenían ya amistad con Felipe González y Carmen Romero, con Víctor Manuel y Ana Belén, con Emilio Barbón…y estaban ilusionados en un futuro sin nostalgias paralizantes. Rafael vino luego, ese mismo verano, al Sur de Francia y pasó a España- Laviana y Oviedo- al siguiente año. Su incorporación en la transición democrática fue natural, sin duda sacrificada, pero estaba plenamente compenetrado en los afanes del pueblo asturiano en el que asumió liderazgo integrador. Hay quien, desde la actual derecha, lo ha comparado con Jovellanos y Tarradellas. Más bien, creo que Rafael fue simplemente original: supo volver a una Asturias que conocía bien.

La Voz de Asturias, 20 de diciembre de 2010

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una pena la muerte de Rafael….aunque ya llevaba un largo tiempo “dormido”.

Un abrazo,

J.