viernes, 3 de diciembre de 2010

EL MUSEL o “Todos los ombligos son redondos”


A Javier Moreno que durante meses traía a mi despacho bruselense la noticia cotidiana del Musel


Me dicen que la ambiciosa obra del Musel está terminada, solo pendiente de inspecciones, retoques e inauguración.

Enhorabuena a Gijón y a Asturias, no en vano la Unión Europea premió a nuestro puerto por su integración en la ciudad, por encima de Marsella, Génova o Rótterdam, urbes que asocias enseguida a su vocación portuaria ancestral.

No he vivido en mi adolescencia la maravillosa Cultura del Mar, que me enganchó luego en las novelas de fondo marino (Mobby Dick, “José”,”La Perla”, “El viejo y el mar”, “Veinte mil leguas…”). Incluso tardé al principio en percatarme de la pasión que embargaba a los pioneros del llamado, a veces de forma despectiva, superpuerto.

En definitiva, me cabe testimoniar, de forma incluso cualificada, el trabajo abnegado de una estirpe de auténticos luchadores que han sacado las obras adelante.¡Cuánta diferencia con los sucedidos de la Autovía Llanes-Unquera, que en paralelo sufrió luchas intestinas! Ese viario de la Asturias oriental, imprescindible, está apenas comenzado mientras el Musel con la última piedra. Sin duda se me dirá que ni son los mismos obstáculos ni aún los obstaculizadores; cierto, pero quien haya seguido la política regional de este siglo XXI estará conmigo en el espíritu depredador que siempre surge como una maldición a todo lo que se mueve en el sentido del progreso. Si no hubiera sido por la voluntad férrea de los gestores gijoneses, de la ciudad y del Puerto, no estaríamos hablando de meros retrasos o reducciones de volumen, o sobrecostes incluso, sino que no habría habido ni ampliación ni nada parecido. Y Asturias hubiera quedado fuera de la que tan pomposamente se llama competitividad, que todo lo invade de forma irreversible. Eso sí: nos hubiéramos quedado bien saciados del clásico dilema de “si son galgos o son podencos” o de la contemplación del ombligo, para concluir, con el humorista Álvaro de Laiglesia” que “Todos los ombligos son redondos”.

Yo con los del Musel, agradecido como asturiano a la decisión sin vacilaciones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es la obra más importante después del túnel del Rañadoiro