jueves, 14 de octubre de 2010

AMIN MAALOUF




Los premios Príncipe de Asturias van de acierto en acierto. El Nobel de Vargas Llosa veinticuatro años después de haber recogido el universal galardón asturiano, lo confirma una vez más.

Mucho debemos a la proverbial capacidad de Graciano García. Este año es el primero sin Chano en el timón y, aunque todo ha de salir bien, pues Teresa Sanjurjo, su sustituta, es una excelente profesional, nada será ya lo mismo, al menos, para personas que, como es mi caso, admiramos muchísimo a ese gran asturiano que tanto hace gala de sus orígenes de periodista y de allerano.

¿Cómo no recordar la extraordinaria aportación que para la libertad tuvo "Asturias Semanal", que Graciano dirigía, y a la que, a través del tan bien grande Juan de Lillo, presté mi humilde colaboración, con los seudónimos de Ulpiano y otros?

Entre los galardonados de este año, llevo mucho tiempo interesado en el seguimiento a Alain Touraine y a Amin Maalouf. La literatura de este libanés, que leo en francés, su lengua habitual, es una aportación imprescindible: todo un regalo que sugiere al lector espacios nuevos de pensamiento e inquietud. Su fama más acrisolada está en haber forzado maravillosamente a los occidentales a situarnos en el punto de vista musulmán de episodios históricos que, tal las Cruzadas, nos habíamos acostumbrado a digerir de otra manera. Era hasta Maalouf, nuestro el punto de vista de los "franji" como llamaban Saladino y los suyos a los invasores europeos.

La sabiduría y el estilo de Maalouf azotan nuestras conciencias benéficamente ante multitud de problemas, no siempre del remoto pasado sino de la architratada crisis de hoy y, aún del futuro global de la Humanidad. Y si no es complaciente con lo políticamente correcto, tampoco con el mundo oriental del que proviene, en especial, con las dictaduras con las que tanta tolerancia hoy demasiadas veces en ambientes islamistas.
Maalouf como sucede con el libro de Tony Judt ("Algo va mal") o los últimos de Felipe González es imprescindible y el Jurado da un gran paso para su difusión en el área hispana donde hasta ahora era menos conocido.

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