sábado, 21 de agosto de 2010

Verano occidental



Iñaki Uriarte (Vila Matas, Muñoz Molina y García Martín lo están valorando como una de las revelaciones del año editorial) se sorprende, en sus habituales viajes familiares entre Avilés y Bilbao, de que llamemos «Oriente» a la que, en efecto, es Asturias oriental. Por puro contraste, Occidente lo forman los concejos que hay de Grado al Eo.

Este verano, aún sin finiquitar, he asistido en Occidente a acontecimientos culturales de extraordinaria calidad en géneros diversos. Su repercusión en los medios ha sido, sin embargo, escasa o nula. Poco que ver con las polémicas tan incomprensibles para mí de dónde actúan Fito o la Pantoja.

La primera cita fue en Navia, en el ya décimo Festival «Horacio Icasto», del que es alma Juan Coloma, intérprete exquisito que sorprende a cada actuación. Esta vez, el programa fue un auténtico lujo, con una Big Band, increíble para reunir en fecha agosteña, con algunos de sus miembros en la gira de Paco de Lucía o en programas de difusión televisiva. Los artistas se entregaron como resulta inimaginable para una única actuación de apenas un programa, cuya grabación pasa a ser pieza de culto, incluyendo adaptaciones que Icasto estrenó de pegadizas músicas regionales.

El occidente astur existe con brillo propio. Algo de eso dijo Manolo Linares, nuestro gran artista plástico, en la presentación.

También estuve en el homenaje a César Montaña, el escultor veigueño, con el que compartía mesa en «Amigos del Eo», asociación que aún existe, pese a las irreparables bajas de Gamallo Fierros, Cándido Sanjurjo, Cándido Riesgo, Manolo Avello, Lago, Egidio y Daniel Cortezón, sus entrañables mantenedores. Vegadeo tiene también en Legazpi y en Fega -y Castropol en Bernardo Sanjurjo- una fuerte expresión artística de vanguardia y calidad. Como muy bien dijo Elena Lechman, la viuda de Montaña, Vegadeo ha de ser conocido en Madrid más por su arte, su nuevo museo y sus obras en cada uno de sus doce puentes, que aun por la vecindad, en efecto acrisolada y meritoria, del Taramundi de la Rectoral y la cuchillería, y, añadiría yo, de «Los Arándanos», en Los Almallos, y otros templos gastronómicos occidentales, como Vega de Villar, Casa Vicente y Peñalba.

Y, por último, el increíble Festival Internacional de Música Clásica de Ribadeo, en torno al pianista Leopoldo Erice Calvo Sotelo, que cada año se vuelca trayendo unos programas sorprendentes.

Erice ha logrado enganchar a un escogido grupo de vecinos que, siguiendo el ejemplo de otros festivales internacionales, se comprometen invitando a sus casas a los artistas participantes. Esto revela la madurez del pueblo ribadense, que se une a las mejores tradiciones vecinales centroeuropeas. Que el Eo cuente con un artista tan comprometido y afín es una maravilla de este verano occidental.

Sí, Iñaki, occidental de ¡Occidente!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Antonio,

Hemos leído el artículo..........por fin!!!!!! Muchas gracias, para nosotros es un verdadero honor que hagas referencia a nuestro proyecto en tus artículos y nos eleves a ese nivel, permitiéndonos codearnos con esos proyectos insignia, muchas gracias de corazón.
Virginia

Anónimo dijo...

Leyendo tu artículo me ha entrado una morriña enorme,ya sabes lo que me gusta ese paisaje y lo que lo echo de menos.Suerte que tienes de disfrutarlo desde tu ventana;ahora si miras de frente,en la ventana desde donde tantas veces yo me sentía tan feliz,habrá otra gente y ojalá sientan que les engancha para siempre.
Que disfrutéis mucho con la familia y un abrazo a todos.
Hoy llueve en mi corazón