viernes, 18 de junio de 2010

Chupachups


Luis Villa Osoro, compañero, en Bilbao, de Colegio Mayor, después de serlo en los Dominicos, me invitó a una reunión de lo que se llamaba "Joven Cámara" cuando apenas habíamos terminado nuestros estudios. En ese encuentro, un ejecutivo, muy resuelto, nos explicó el éxito que esperaba con la introducción social de Chupachups.

Me quedé maravillado por la sencilla operación de marketing a favor de recuperar el caramelo de palo y sus antecedentes de "pirulí de la Habana", del que procedían a corregir el papel pegajoso, la forma puntiaguda, el volumen y otras incomodidades. Me sorprendió muy gratamente, pero aún más cuando luego supe que se fabricaba en Asturias, donde por entonces no brillaban las ideas emprendedoras, que destacaba de nuestra región, estos días pasados el Financial Times, cotidiano tan activo fiscalizando las decisiones comunitarias, y en particular españolas.

Han pasado muchos años desde aquel contacto propiciado por Luis Villa, pero la simpatía por la derivada piloñesa de esa empresa, nunca dejó de motivarme con su mítico producto, capaz de endulzar hasta los esquivos mercados del Lejano Oriente. Pero, ¿qué ha sucedido para que los dueños procedan a deslocalizar sus instalaciones, antes sus marcas, y apenas ofrezcan onerosos traslados de la plantilla?

En el Parlamento, he visto hasta el hartazgo deslocalizaciones intolerables, provocadoras e impertinentes en toda la piel de Europa, mas resulta lacerante, por enésima vez, que una empresa en beneficios, con tantas ayudas y apoyo social, cambie de comunidad autónoma porque sí, con decisiones caprichosas que el Comité de Empresa y la plataforma vecinal han desmontado dialéctica y palmariamente.

Mi íntimo amigo Iñaki Uriarte, de oriundez neoyorquina, "El vasco tranquilo", lo llama Enrique Vila-Matas, acaba de publicar un libro sensacional, que está mereciendo buena acogida por su fuerza literaria y vitalista. Iñaki se maravilla, al viajar de Euskadi a Avilés, de donde procede su amor, de que los asturianos llamemos Oriente al Oriente de Asturias.

De mi parte, nunca lo había puesto en cuestión, aunque es verdad que no resulta tan común denominar, salvo en el reparto sectorial de la maqueta de este periódico o en las circunscripciones electorales de la autonomía, a sensu contrario, Occidente, que cualquier foráneo, antes de 1989, consideraría a la extinta frontera berlinesa. Pues bien, Oriente, nuestro Oriente, tiene una herida profunda con el anunciado cierre de Chupachups. El Oriente, a diferencia, del Centro, carece de una tradición industrial arraigada pero la de Villamayor -y alguna otra experiencia- ha sido muy positiva. Y es que Asturias no puede ser solo "Paraíso Natural" sino que ha de seguir inmersa en el reto riesgoso de la energía, la industria y la innovación. En esa línea de encarar el futuro, el senador Javier Fernández me invitó, hace unos días, a un encuentro de gran altura intelectual y analítica con expertos y amigos, que promovía María Luisa Carcedo.

Somos todos los asturianos los concernidos y debemos considerarnos tales; fieles como el río al cauce.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Antonio, lo de Chupachups es un drama. Villamayor y los pueblos crecanos están de luto. Familias hundidas en las que trabajaban el padre, la madre, el hijo e incluso la novia del hijo en Chupa, y todos pa casa. Sin hablar de la mano de obra indirecta... UN DESASTRE"