jueves, 15 de abril de 2010

Tragedia polaca


El pasado miércoles, los diputados europeos fuimos convocados sobre la marcha a un pleno urgente en el hemiciclo de Bruselas con motivo del fallecimiento del Presidente polaco Lech Kaczynski y otras personalidades en accidente aéreo.

El Presidente Bucek y el vicepresidente Miguel Ángel Martínez llegaban de Varsovia donde habían asistido a las honras fúnebres en el Parlamento polaco.

Miguel Ángel me relataba que había constatado el estado de shock traumático que invadía a todo un pueblo. Como español recibió muchas felicitaciones por la iniciativa del Presidente Zapatero, Presidente de turno, de convocar un día de luto en todo el territorio europeo, lo que sucedía por primera vez en la corta historia de nuestra Unión Europea. El gobierno polaco, y más en concreto el presidente Kaczynski, había hecho gala de un manifiesto euroescepticismo pero de la misma forma que su pueblo se mostraba unido sin fisuras en el dolor, también nuestra U.E., de la que Polonia es ya pieza importantísima, se une en un día de luto de todos los europeos.

Pero no solo falleció el Presidente sino que lo hacían también su mujer, los dos candidatos a presidente, los portavoces de todos los grupos parlamentarios, el Presidente del Banco Central, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, etc.

Todos viajaban unidos a rendir tributo a los veintidós mil asesinados -¡se dice pronto semejante cifra!-en los bosques de Katín por orden de Stalin. Uno de los casos de genocidio peores de la Historia de la Humanidad, precedente de las cámaras de gas de Hitler o del genocidio camboyano de Pol Pot. Y unidos murieron allí mismo un centenar de compatriotas cuando, por fin, les iban a homenajear tras tanto silencio y tergiversaciones.

Se ha especulado mucho sobre si el Presidente fallecido cometió o no la temeridad de exigir al piloto aterrizar a pesar de la escasa visibilidad. Muchas veces con la suspensión de un vuelo siempre me ha sorprendido que algunos pasajeros se lamentan y hasta protestan cuando deberían estar agradecidos a la prudencia del piloto y de los responsables del vuelo.

Pero haya habido o no responsabilidad en la orden y en el ordenado, lo que no cabe duda es de que nunca debieron viajar juntos tantas altas autoridades de un Estado. El Rey no viaja, en España, junto al Príncipe heredero y me parece que el Presidente del Gobierno tiene también alguna incompatibilidad. La rutina hace que se relajen muchas decisiones que se acaban considerando innecesarias y excesivas. Nunca pasa nada hasta que pasa. Los protocolos preventivos tienen su razón de ser. El incumplimiento polaco lamenta en su país hasta el dolor más inimaginado.

En nuestro acto de recuerdo se tocaron el himno de Polonia y el Europeo, el "himno de la alegría" de la novena de Beethoven. Lo más impresionante fue la breve lectura de una biografía de los fallecidos mientras la foto del mencionado, en blanco y negro, se proyectaba por partida doble en una improvisada e impresionante pantalla.

Al final, el embajador de Polonia se acercó a agradecer a Diego López Garrido, Secretario de Estado, a mi lado, su presencia y el gesto de la presidencia española. El próximo domingo, el funeral de Estado congregará en Varsovia las más altas representaciones del ancho mundo.

¿Y si siempre estuviéramos unidos para hacer frente a la adversidad, a muertes, como éstas, sí, y también contra el cambio climático, la hambruna, los terremotos, las guerras?

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