miércoles, 7 de abril de 2010

Iraquíes en Siria


Por Pablo Sánchez La Chica

Mohamed, nombre supuesto, quiere escribir un libro. Mohamed no se queja. Su padre, dice, tiene una pequeña tienda en el zoco de Damasco y él, licenciado en árabe, ha trabajado desde los venticinco para diferentes empresas y ONGs extranjeras. Ahora está casado y tiene un niño de tres años. Mohamed es palestino nacido en Siria.

Mohamed quiere escribir un libro porque quiere hablar sobre la situación de los palestinos. Con la ONG para la que trabaja ha interpretado centenares de testimonios de refugiados iraquíes en Siria. Yo, en mi visita, apenas he escuchado una veintena. La impresión que me queda es que han sufrido mucho. Muchos son universitarios. Pertenecen a minorías. Son solidarios en la adversidad. Han abandonado su casa, lo han empeñado casi todo y ahora, sin blanca, se encuentran a la espera.

Mohamed, quiere escribir un libro pero no se atreve a hacerlo en Siria. Los casos de represión de los derechos humanos son apabullantes. Durante nuestra visita oficial nos sentimos espiados. Hay coches que nos siguen. Nos preguntamos dónde estarán los micrófonos que nos graban. Hay dos palabras que no podemos mencionar: Israel y kurdos.

Los refugiados iraquíes, nos dicen las autoridades sirias, han sido recibidos como hermanos. Pero el país no es rico y sus recursos se agotan. Los responsables de esta crisis humanitaria, los que invadieron Irak, apenas han contribuido a aliviar las necesidades del millón largo de personas desplazadas por la guerra y el posterior conflicto inter-étnico. La solución es regresar a casa, a un Irak estable todavía lejano en el horizonte. Siria los ha acogido como a familiares, pero como a familiares que abusan de la hospitalidad y que deben recoger los bártulos y marcharse. Los desgraciados entre los desgraciados, una vez más, son los refugiados palestinos, suníes, acogidos por el Irak de Sadam Hussein, que ahora son perseguidos por la mayoría chií. Los hemos visitado en un campamento en la frontera con Irak donde llevan años sin conocer su destino. Hasta hace poco vivían en Bagdad. Ahora están varados en el desierto. No pueden conducir un coche. No pueden tener propiedades. No creen que puedan nunca volver a Irak. Su única alternativa es buscar una nueva vida en otro país, el reasentamiento.

Mohamed me pregunta si la Unión Europea los podrá acoger. Le explico que todo depende de los Estados Miembros, que son los que realizan el reasentamiento, que España acaba de iniciar un programa para acoger a cien personas de todo el mundo. Que la situación económica es muy mala con un 20% de paro. Que hemos sido solidarios en el pasado con los inmigrantes. Que espero podamos acoger a unos pocos, aunque no creo que podamos llegar al nivel de los suecos, que acogen a más de mil quinientos de estos refugiados al año.


Pablo Sánchez La Chica es colaborador personal de Antonio Masip en el Parlamento Europeo. Participó en la primera misión de la Comisión de Libertades del Parlamento Europeo para estudiar la situación de los refugiados iraquíes en Siria que tuvo lugar el pasado 28-30 de marzo.

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