viernes, 19 de marzo de 2010

PEPÍN VIDAL

Debería escribir una necrológica diaria con tantos conocidos como se van. Unos cercanos, otros menos, pero incorporados de alguna manera a mi vida. Ya he testimoniado esta semana mi pena, aunque sea de niveles dispares, por Delibes, Vaquero Turcios, Pité Corominas, Margaride…ahora me llega dentro, la de Pepín Vidal Beneyto, al que no traté personalmente pero que era una personalidad de referencia en la oposición del tardofranquismo y aún luego.

Mi muy querida sobrina Lucía Masip Naranjo me daba recientes referencias de sus clases parisinas, auténticas, de calidad, con ochenta años infatigables. Y lo que es más importante, su atención a la juventud que trata de hacerse con un camino entre tanto laberinto.

Si es Lucía la que me trajo las últimas pinceladas de su dignidad, recuerdo que también, el primero en hablarme de Pepín, fue Luisón García San Miguel. (Esto de los diminutivos y aumentativos es una forma de cariño popular confianzudo y transmisible que bien se corresponde en estos dos casos).

Entre Luisón y Lucía sé que trató, aquí en Asturias, al arquitecto Ramón F. Rañada, pieza fundamental en la última clandestinidad que ya afloraba.

Era de Carcaixent,luminoso enclave valenciano, donde acaban de hacer hijo predilecto a mi compañero Enrique Guerrero.

Se decía, pero no sé si está confirmado, que Pepín era el principal autor del libro sobre el Opus Dei, de la editorial hispanoparisina Ruedo Ibérico, que firmó Jesús Ynfante y que fue un best seller, pese a la censura, en los últimos años de Franco (“Franquito” le denominaba, eso sí despectivamente, el General Sanjurjo). He de preguntar a Nacho Quintana que con José Martínez codirigía la revista Ruedo Ibérico.

Sea o no el autor de libro tan difundido, en cualquier caso, Vidal Beneyto deja mucha y variada obra.

No lo traté, en efecto, pero en dos ocasiones le pisé los talones. Una, doble, en la televisión argelina y en el desaparecido Hotel Saint George y otra en el parisino Mont Thabor, al que me refiero en “Desde mi ventana”.En ambas plazas, Argel y París, Pepín había ido como tercer mosquetero, acompañando a Calvo Serer y a Carrillo, a los que probablemente unió en la fundación de la Junta Democrática. Sus dos acompañantes eran verdaderamente famosos pero Vidal Beneyto se había hecho grato a los empleados de la recepción que me lo dijeron. Sería en Otoño del 75 o Enero del 76. También estuvo en el Contubernio de Munich, del que tanto me habló Don Salvador de Madariaga.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí..la verdad que me ha impresionado. Con sus 80 años además de ser el director, seguía dando clase.

LUCIA

Anónimo dijo...

Asi es, mañana voy a su entierro. Te contaré.Enrique