lunes, 1 de febrero de 2010

Los ministros españoles


Esta semana ha sido de frenética y azarosa presencia de los ministros españoles.

Me hubiera gustado multiplicarme para asistir a todas las intervenciones. Hace años los escritores Gracia Noriega y Francisco G. Orejas me atribuían ese don de la ubicuidad. Si lo tuve, que lo dudo, ya lo perdí. Hube de optar por tanto: seguí en directo las presentaciones y los debates de Ángel Gabilondo, Alfredo Pérez Rubalcaba, Francisco Caamaño, Celestino Corbacho y Miguel Sebastián. El lector supone que a mí, por mi adscripción partidista, me parecieron bien todas esas comparecencias: No se equivoca, pero debería yo añadir sin tapujos que me sentí orgulloso de ser español con los parabienes de los diversos miembros de la Cámara, incluidos conspicuos miembros del PP. Cualificados funcionarios del Ayuntamiento de Oviedo de visita en esta capital tuvieron ocasión, maravillados, de apreciarlo. Un diputado español conservador, otrora muy agrio, explicaba, en un contacto previo, al que asistí, con el Ministro de Justicia, cómo las formas parlamentarias, aquí en Bruselas, son bien distintas a las de la carrera madrileña de San Jerónimo. Cabe, preguntarse, pues ¿por qué no llevar este espíritu de respeto y colaboración que vivimos en la muy democrática Europa al corazón de la política española cotidiana? Ganaríamos todos, estoy seguro, pero sobre todo el pueblo español.

Ya conocía a Gabilondo, de su presencia frecuente en los Premios Príncipe de Asturias. En Bruselas su personalidad llegó muy hondo a los diputados por encima, incluso, de los objetivos de la presidencia española. Su ánimo sincero de pactar la educación tiene una derivada económica y desarrollista que a nadie deja indiferente. Cuando dio importancia al sello de excelencia universitario, la autoestima que tenemos con ese motivo en Asturias, me hizo cosquillas en el corazón.

Rubalcaba, al todo el mundo reconoce carisma y habilidad extraordinarios, puso el acento además, lo mismo que Caamaño más tarde, en solicitar a los parlamentarios, devolviendo algunas críticas, un comportamiento responsable y consecuente con la altura de nuestras nuevas responsabilidades tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, para mantener con los Estados Unidos los llamados acuerdos “SWIFT” de intercambio de información. Será solo por nueve meses en los que cabe ir preparando, con intervención del parlamento, un nuevo marco de acercamiento. El Parlamento se encuentra reticente por torpezas pasadas de las dos partes, Europa y EE.UU., pero yo espero que estemos detrás de nuestros gobiernos cerrando cualquier brecha o desunión por la que se pueda colar la acción terrorista. Por lo que manifestaron explícitamente varios de mis colegas es una cuestión espinosa que hemos de solventar en el próximo pleno. El atentado frustrado de Detroit no es ninguna broma y los países civilizados hemos de mantener una actitud férrea y contundente.

Miguel Sebastián, al que recibí en el cochecito eléctrico con el que me desplazo en los pasillos del Parlamento, se mojó a favor del carbón contra los consabidos ataques de verdes y liberales.

Corbacho estuvo claro frente a un italiano de extrema derecha, enemigo de los emigrantes. El Consejo y la Comisión reafirman que sin la inmigración no hay desarrollo de Europa ni mantenimiento de la calidad de vida y del sistema de pensiones. Una cosa es lo que esta ocurriendo ahora con la crisis, el paro y la emigración desordenada y otra, el análisis del problema en ese marco económico-social a medio y largo plazo. Sin los emigrantes no hay futuro y todos deberíamos saberlo y valorarlo.

Caamaño mantuvo en todo momento unas formas parlamentarias impecables. Se mostró soñador al defender el desarrollo de un marco de referencia civil común europeo, a largo plazo, y pese a todas las divergencias que existen en los códigos civiles nacionales. También pragmático, apoyó el reconocimiento de sentencias y el propio mercado digital europeo (un comercio por internet sin barreras nacionales) que deberían verse facilitados con el impulso que da el Gobierno español a la firma electrónica.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy leyendo "Los ministros españoles".Estas en todo.Te felicito.Un abrazo.Juli