miércoles, 13 de enero de 2010

SIEMPRE EL NARANCO

El Naranco se me evapora en todos sus blancos: las blancuras pequeñas de Lombardero o las que me traslucían, dispersas, los árboles pelados; también la enorme de la nieve reciente. Es el velo de la niebla que se interpone y tengo casi encima, San Francisco por medio. Podría ser blanca para mantener la armonía pero, gris y áspera, tinta la incierta luz del día y mata el encanto.

No es ya el color, sin embargo, lo que afea el monte sino su hostil y escapista desaparición.

Carlos Bousoño me dijo hace tiempo que Vicente Aleixandre lloraba contemplando la montaña de Asturias. Se trataba, creo, de los Picos de Europa que emocionaban al Nóbel del 27.El Naranco, mi Naranco frontal, no tiene quién le llore, yo tampoco soy quién aunque lo ame y nada suyo me sea ajeno. Esta momentánea fuga a ninguna parte, no obstante, coincide con que a mi ojo, enfermo de sequedad, deba echarle al menos una lágrima artificial. La gota, cruzando las pestañas, me alivia un poco pero no me rescata el Naranco de blanco, tampoco el de verde ni tan siquiera el grisáceo, que ya quisiera que tuviera proclividad adaptativa multicolor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio, desconocia que tuvieras tambien buena prosa modernista.- Me recuerda la prosa de Ruben Dario ("Azul"); y quizas tambien la de Grabiel Miró - el de "Las cerezas del Cementerio".- Saludos.Faustino

Anónimo dijo...

Estoy en una asociación llamada "amigos del Naranco"; a finales de este mes tenemos reunión.

Por si te interesa y tienes tiempo, la página web es amigosnaranco.org.