sábado, 2 de enero de 2010

ESPERANDO AL GATO DE LUIS FERNÁNDEZ




Las informaciones hablan, entre contradicciones de si se negocia o se confirmó ya la compra, de El Gato (“le chat”), una escultura, en granito negro, de nuestro Luis Fernández, del que tanto escribo.

La pieza que se espera ha tenido, al parecer, un recorrido errático desde que el artista asturiano la ejecutó en París. Se diría que es una escultura con siete vidas que puede terminar su recorrido en el mismo patio en el que surgió hace poco una sorprendente fuente romana, cerca de dónde nació el artista, varias calles abajo, en el número 14 de la ovetense Fruela. Fue aquel 1900 un año prodigioso en el que vieron la luz también otros dos pintores de verdadera categoría, en el mismo increíble Oviedo de entre siglos, Joaquín Vaquero y Paulino Vicente. ¿Quién da más?

El gato es una imagen frecuente, antes y ahora. Fernández tuvo cariño a los animales domésticos sobre los que algo dice su correspondencia con las hermanas Araceli y María Zambrano. En casa de ésta, en Ginebra, Jesús Arango y yo vimos algún animalito revoloteando, confianzudo, en los primeros ochenta.

Los gatos están en muchas obras de arte. Picasso, tan amigo de Fernández, también inmortalizó a alguno. En la literatura son topadizos, aunque menos. Mi amigo, el escritor Iñaki Uriarte, habla de “Borges”, su felino particular, en sus diarios, descubiertos y empezados a publicar por García Martín en “Clarín”, la gran revista, heredera de la no menos auténtica “Los Cuadernos del Norte” y de los suplementos culturales de Juan Cueto en “Asturias Diario”. El gato más ilustre e irresistible de la literatura es, a juicio del Premio Príncipe de Asturias 1992, George Steiner, Bébert, de Louis Ferdinand Céline, cuyas ediciones inundan mi casa. Bébert recorre con su amo sus derivas parisinas hasta la inmundicia de su feroz antisemitismo y sus entradas y salidas a Alemania y Dinamarca regresando a Francia en el “Viaje al fin de la noche” que Céline escribió antes de que el título le sucediera aún más profundamente de lo imaginado. Bébert había nacido y correteado por Montparnasse. Fue vecino de Luis Fernández que pudo conocerlo. Orlando Pelayo me contaba cómo veía pasear por esa avenida, al atardecer de los veranos, a su compañero en el arte de los pinceles.¿Será Bébert, el esperado?

3 comentarios:

J. Benjamín Gutiérrez dijo...

Excelente comentario, Antonio. Aunque a Luis Fernández la inspiración dificilmente pudo venirle de Bébert, ya que el "esperado" fué esculpido en 1925 y Bébert seguía vivo y coleando en 1951. Demasiada longevidad para un gato, pero como dicen que tienen siete vidas.. ¿Quién sabe?.
¡Feliz año 2010!.

Anónimo dijo...

Benja, un abrazo.Hazme llegar tu mail y tu movil.Acaban de expulsar de Cuba a Luis Yáñez.Indignante

Anónimo dijo...

Ya son varios los diputados españoles expulsados.Cuba es lo mismo que Maqrruecos impidiendo el paso a diputados españoles al Sahara.Rosa Díez fue una excepción en la crisais de Aminatou Haidar.Al rato la quisieron expulsar también.