lunes, 9 de noviembre de 2009

Acerca de Dan (ielín) Brown


Hace ya varios años, Fernando Lastra, actual portavoz en la Junta General del Principado, sabedor de mi antiguo seguimiento a todos los escritores extranjeros que se ocupan de Asturias, me puso en la pista de las citas que de Oviedo salían en “El código Da Vinci”. Poco después, ese libro se convertiría en un éxito fulgurante, dicen que el de mayores ventas en el ancho mundo. A mí, sin duda lector caprichoso y lleno de prejuicios contra el esoterismo rampante y otras excentricidades, no me atrajo, en absoluto... Más que novela y película me interesa ahora la entrañable historia gijonesa del autor que ha sido bien traída a este periódico: El hoy famoso era un muchacho de New Hampshire, que quería ser cantante y conoció en Gijón la sidra, las discotecas, los cubatas, los churros, la tortilla de patata, el cariño de una familia, incluso un amor fugaz no correspondido…De esas correrías de Danielín, como le llaman confianzudos sus amigos del Pumarín playu, quisiera resaltar por mi parte a dos verdaderos héroes, sus anfitriones, Juan y Rosi, cuyo carácter maravilloso se trasluce en los diversos artículos publicados.

Héroe se usa mucho en la crítica literaria pero sobre todo en la Mitología para los nacidos de un dios y un mortal. Este matrimonio tiene algo de heroico, adelantado a su tiempo. Ellos, y otros como ellos que, a pesar de las limitaciones de las urbanizaciones de barrio, recibieron estudiantes extranjeros, convirtiéndose de esa forma en motores de cambio cultural y social.

Hace años me decidí a hermanar Oviedo con Tampa para facilitar a los estudiantes de segunda enseñanza acogida al otro lado del charco. El primer programa fue un éxito, no obstante nuestras improvisaciones, pero me dicen que decayó enseguida hasta el olvido. Eso de fomentar los intercambios era también el sentido de los hermanamientos con Clermont-Ferrand y Bochum, de los que apenas se habla ya, pese al interés que me consta pervive en los Ayuntamientos francés y alemán. Y en Gijón, Avilés, incluso los concejos más pequeños, la relación con otros pueblos y ciudades deberían ser igual excusa para fomentar lazos entre jóvenes. Las iniciativas, dirigidas a todas las edades, de Porrúa, pedanía de Llanes, son especialmente admirables.

En 1981 la Escuela de idiomas de Gijón y familias como la de Juan y Rosi tenían clara la apuesta por ese tipo de contactos. Casi treinta años después debería seguir siendo el objetivo para miles de familias: repito, para ¡miles! Es algo que injusta e incomprensiblemente tiene más arraigo en la enseñanza privada que en la pública.

Muchos Danielín Brown han de visitar Asturias, aprender español y conocer nuestra tierra, bastante ignota todavía, y, a la recíproca, ningún asturiano debería terminar la enseñanza obligatoria - que el ministro Gabilondo, con audacia encomiable, quiere llevar hasta los 18 años- sin saber inglés por lo menos, y sin conocer a fondo algún país extranjero.

Nota.-
En mi blog doy la foto de un hombre sentado en el cementerio sobre una silla de playa o de jardín que me ha emocionado. Es de Jesús Farpón. Estoy seguro que habría encantado a Edward Hooper, entre los pintores, a Henri Cartier-Bresson, entre los fotógrafos, enry Jam y a muchos más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Le llamaban "el americanín"