miércoles, 16 de septiembre de 2009

Luis Sepúlveda en Luis Martín Santos



A una tal Belén Esteban, sin duda próxima pregonera mateína.



¿Qué pensaríamos si Clarín hubiera firmado "La Regenta" con el seudónimo “Ramón Pérez de Ayala” o William Faulkner su cuento “Monje” como “Paul Auster”? Sería, desde luego, un prodigioso adelanto de un nombre literario, virtual dicen ahora, que se fraguaría en autor real pasados los años. Acabo de leer a X.X. Sánchez Vicente, que “no existe la casualidad en política”, pero ¿qué pasa con la literatura y el arte? ¿La ficción no se adelantó siempre a la realidad?¿No es la vertebración de palabras un mero azar, un capricho, que se va repitiendo asimismo a lo largo del tiempo y que, convertido en filigrana maravillosa, es la Literatura?¿No están, como sostienen algunos, todos los escritores escribiendo a coro el mismo libro, a lo más cambiando de nombre, o de continente, o de siglo, o de lengua, o de musa?. La literatura sagrada lo tiene claro: Se llama el LIBRO a la vez a la Biblia, al Corán y al Segundo Testamento.

Sería mi primer año de Universidad cuando amigos donostiarras me introdujeron en Martín Santos, que rompía con lo que masticábamos entonces. De su “Tiempo de silencio” a estas alturas sobran elogios, si bien su relectura ya no me interesa ni quizá, de hacerlo, entusiasmaría. Tantos años después, sin embargo, me encuentro con una de esas carambolas que solo se producen en la vida al roce aterciopelado de la magia narrativa. Una biografía recién publicada ("Vidas y muertes de Luis Martín Santos" de José Lázaro) me entera que el seudónimo con el que se presentó “Tiempo de Silencio” al premio Pío Baroja fue “Luis Sepúlveda”. ¡En 1960! ¡En el momento en que el chileno Luis Sepúlveda, Lucho, vecino ahora de Gijón, era un adolescente de apenas once años! ¿Simple casualidad de un escritor, sujeto al inexorable destino, que anuncia inconscientemente a otro, tan genial como él? ¿Simple eslabón de la espiral de “oca a oca” que llegaría, con la moviola, hasta Homero y compañía y que, hacia delante, nos espera en la cara del Parnaso que aún desconocemos?

Borges perora sobre lo que inquietaba la operación cervantina de introducir "el Quijote dentro del Quijote" cuando en la segunda parte el Ingenioso Hidalgo conoce él mismo sus aventuras. Pese a esa inquietud borgiana y al ilógico quijotesco se respetaba una cierta cronología que se pone patas para arriba en el caso de Martín Santos haciéndose llamar "Luis Sepúlveda". Eso del “teatro dentro del teatro”, “la ópera dentro de la ópera”, “el cine por todas partes” lo desmenuzó brillantemente el cineasta ovetense Manuel Cuervo en la introducción de la actual temporada ovetense de ópera (LXII), platicando sobre “Ariadne auf Naxos“ de Richard Strauss. Ese razonable juego de homenaje al propio medio y a otros o de saltos anacrónicos puede llegar, no obstante, a la aberración que contemplé en el “Don Carlo” del Liceu barcelonés, donde el “sueño de la condesa de Éboli” se escenifica con la venta contemporánea de “pizzas” a domicilio.

En la unión Sepúlveda/Martín Santos sin duda hay algo de fenómeno paranormal, que habría divertido al gran Alarcos. Don Emilio, junto a José Luis Mediavilla, Manolo Arce, Guelbenzu, Pepe Caballero Bonald y Juan Benito, constituyó el clarividente Jurado del premio “Tigre Juan”, descubridor, en el Oviedo de 1988, de “Un viejo que leía novelas de amor”.

Luis Martín Santos viajó a Oviedo con el manuscrito de su novela para leérselo a Juan Benet en su casa del número 27 de la calle de Uría. Casi en la misma manzana se debatió, treinta años después, "Un viejo..." de Sepúlveda.

La prueba documental corrobora de nuevo que la literatura está concatenada, pero no porque Lucho se haya sentido lógicamente influido sino también porque Martín Santos, que no pudo leer "Un viejo...", no ha sido neutral frente al futuro que vislumbró con su texto, entonces de vanguardia, y con el guiño hacia nosotros de haber bendecido un nombre, que superó a su obra por ventas y traducciones.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran coincidencia, Antonio.......o no.....
Gracias por enviármelo, se lo paso ahora a Luis,
Besos. Ainhoa

Anónimo dijo...

Curioso caso ese de Luis Sepúlveda. Me maravillas con tanta actividad. Abrazo cordial, Manolo

Anónimo dijo...

Releí “Tiempo de Silencio” y la verdad es que no me gustó mucho. Fue importante en su tiempo, pero esa mezcla de joycismo y casticismo que le reprochó Benet, echa un poco para atrás.

Martín Santos se vengó de su amigo llamando “demasiado nebulosas” a sus novelas, y también tenía razón.

La biografía de Martín Santos, de José Lázaro, que publicó Tusquets Muy entretenida e interesante.

Anónimo dijo...

me gusta.

Yo leí "Tiempo de silencio" en mi primer año de docente en el Bierzo (curso 1970-71. Ya llovió, ya...) y me encantó. Tampoco estuvo mal la película que se hizo a partir de la novela, con Imanol Arias en el papel del médico.

Ya leí en algún momento le reseña del libro sobre LMartínSantos.
!Sí que es fantástico, y premonitorio, lo que cuentas!

También me gustó "El viejo que leía...". Últimamente tanto leer prensa y otras cosas, la verdad es que leo poca novela (La última fue "El hombre invisible" de Auster, aunque quizás más "Brooklyn Follies").

Anónimo dijo...

Es interesante tu artículo, aunque no estoy del todo seguro de que pueda aplicarse al caso que cuentas el juego de espejos que señalaba Borges en el "Quijote", el libro dentro del libro, y que analizo en mi libro "Cervantes comenta el Quijote"

Anónimo dijo...

Antonio, cada dia tengo mas claro porque en su dia el partido no te ofrecio el apoyo que merecias. Estas intelectualmente muy por encima de la mayoria de dirigentes y la envidia es muy mala.

Ante todo, yo siempre te he considerado un intelectual. Que ministro ha perdido ZP, mas pendiente de respetar cuotas.

José Lázaro dijo...

Sí, es verdad, a mí también me llamó la atención. Y además Martín-Santos empleaba ese mismo nombre en sus actividades políticas en la clandestinidad, además del de Pedro Ramírez. En el capítulo “El socialista” del libro mío que Masip tiene la amabilidad de citar, se incluye una carta enviada por Martín-Santos a su compañero de militancia Anonio Amat firmada con el diminutivo “Sepul”. Hubiera tenido gracia que reservase lo de Luis Sepúlveda como pseudónimo literario y emplease como nombre de guerra para la militancia el de Federico Sánchez.

Anónimo dijo...

Hola Antonio, sigue así no cambies nunca.
Un fuerte abrazo, Inés Valera

Anónimo dijo...

Un beso para Inés, después de tantos años.Me gustaría, no obstante,mejorar un tanto.Antonio