domingo, 13 de septiembre de 2009

Desde el Derecho a disentir

Reproduzco el brillante artículo de Leopoldo Tolívar Alas en el Comercio criticando los honores a un miembro de Gobierno cubano, represor de los derechos humanos. Por razones familiares no pude asistir a la ceremonia de entrega el pasado 7 de septiembre pero con esta reproducción me sumo por completo a la argumentación de mi amigo Leopoldo. Cuba es una Dictadura y los demócratas no podemos apoyarla sino que hemos de contribuir a la llegada de la Libertad, las elecciones libres, la libertad de expresión, el fin del partido único, el respeto a los derechos humanos.



09.08.09 - LEOPOLDO TOLIVAR ALAS CATEDRÁTICO DE DERECHO ADMINISTRATIVO DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO


Me gustaría trasladar de manera muy breve el mensaje del presente artículo. Pero el compromiso con el medio y el deber de explicar fundadamente las cosas me impiden expresarme telegráficamente. En verdad, todo lo relativo al telégrafo acabará desapareciendo del lenguaje coloquial como ya está ocurriendo con los servicios públicos que, en algunos países, venían gestionando este ingenio transmisor cuyos orígenes se remontan a 1833, el año de la división provincial española. Los telegramas avisaban de sucesos inmediatos cuando las comunicaciones eran lentas y las distancias casi insalvables. Traían buenas y malas noticias; felicitaciones y pésames. También, en su historia, llevaron miles y miles de peticiones de clemencia a los dictadores que se sentían dueños de las vidas de sus enemigos y, también, a sistemas democráticos incapaces de abolir la espeluznante pena capital.
Hasta Cuba, a cuyo vicepresidente del Consejo de Ministros acaba de otorgar el Gobierno del Principado la máxima distinción regional, seguro que llegaron, en este medio siglo de dictadura, multitud de peticiones de gracia, no sólo desde cancillerías y organizaciones humanitarias, sino también desde la conciencia de particulares plasmada en las escuetas palabras de un telegrama. En Cuba hay tele y Granma; la primera oficial y censurada; la segunda, con nombre de una provincia meridional, es el diario del que se dotó el Partido Comunista, el único, en 1965.
La información de Amnistía Internacional para el Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre el mecanismo de Examen Periódico Universal, constataba en febrero de este año 2009 que «Cuba mantiene la pena de muerte para delitos graves, como los actos de terrorismo. Sin embargo, en los últimos años se ha aplicado en muy contadas ocasiones, y Cuba se abstuvo en la votación de la resolución sobre la moratoria del uso de la pena de muerte que tuvo lugar en la Asamblea General de la ONU en diciembre de 2007. En abril de 2008, el presidente cubano anunció la decisión del Consejo de Estado de conmutar las condenas a muerte de un grupo de presos por penas de 30 años de cárcel. Sin embargo, también dejó claro que esta medida no implicaba la abolición de la pena capital».
Pero el informe añade que «en abril se llevó a cabo la última ejecución de que se ha tenido noticia: la de tres jóvenes condenados a muerte por secuestrar una embarcación para huir de la isla». Y recuerda que para Amnistía Internacional «la pena de muerte es la forma más extrema de trato o pena cruel, inhumano y degradante, por lo que se opone a ella en todas las circunstancias».
En el Informe, AI plantea otras cuestiones, como las relacionadas con las restricciones a las libertades fundamentales y la limitación del derecho a un juicio justo, e insta a la ratificación de instrumentos internacionales de derechos humanos. Igualmente destaca su preocupación en relación con las personas que sufren prisión por motivos de conciencia; la limitación del derecho a la libertad de expresión, asociación y circulación; las detenciones arbitrarias; las detenciones sin cargos ni juicio; los juicios sin las debidas garantías; el hostigamiento y la intimidación a disidentes y críticos; la referida pena de muerte; las trabas a las tareas de observación de la situación de los derechos humanos; y las consecuencias para los derechos fundamentales de la ciudadanía, del embargo impuesto por Estados Unidos sobre el que existen promesas de reversión de la Administración Obama. Entiendo que estos datos debieran ser suficientes para no galardonar, desde un país democrático, a uno de los jerifaltes de un régimen incapaz de evolucionar desde el lejano derrocamiento del sistema corrupto de Fulgencio Batista. Pero siempre habrá quien diga que un vicepresidente es absolutamente ajeno a las 1.099 ejecuciones habidas en la isla desde 1976 (42, todavía en 2007) y a los 3.357 condenados a muerte, que se aferran a la promesa de Raúl Castro de suspender tan irreversible castigo.
Digo ahora lo mismo, desgraciadamente, que hace ocho años, cuando el alcalde de Oviedo, con su mayoría absoluta, otorgó la distinción de hijo adoptivo al mismo mandatario: una democracia no puede premiar a quienes han contribuido a cercenar las libertades públicas de todo un país. Que la persona a reconocer sea en sí bonancible y hospitalaria es indiferente para el caso; o que practique deporte desde joven, como se ha destacado en notas oficiales y oficiosas. A los tiranos y sus cómplices tampoco les debe servir de atenuante su vinculación familiar con una determinada región, en este caso Asturias. Cada comunidad da a la historia trigo y cizaña y la notoriedad no es de por sí timbre de gloria. Creí que esta forma de pensar, en la que años atrás encontré el absoluto respaldo del PSOE ovetense, era moneda corriente de casi toda la clase política española. Pero se ve que no; que además de algún añorante del apogeo soviético sigue habiendo personas que no han perdido la fascinación por el régimen castrista y sus míticos logros sanitarios y educativos. No es mi caso, desde luego y no dormiría tranquilo si no lo dijera o lo dejara escrito públicamente para que nadie piense que aplaudo, como es el caso de los demás galardonados ahora y en anteriores ediciones con las Medallas de Asturias, esta condecoración. No he cambiado de parecer y aunque me figuro los encajes de bolillos que requiere el día a día de un gobierno de coalición, lamento que un Ejecutivo salido de las urnas y respetuoso con los derechos individuales y colectivos de los asturianos quiera colgar oro en uno de los pilares vivos de una dictadura de hierro.
Yo creo que es hora de superar determinadas actitudes que tuvieron un origen romántico y revolucionario, porque la épica del Che y su iconografía, con todos los respetos, no parecen la referencia o la simbología más adecuadas para una Comunidad inserta en la Europa del siglo XXI. Lo digo -y no es la primera vez en estas columnas- desde el deseo de que los cubanos, sin injerencias externas, vean abolidos el bloqueo exterior y el interior, sean dueños de su futuro y alcancen la reintegración territorial, porque Guantánamo no sólo es una cárcel.
Muchas veces me he preguntado qué sentirían los gobernantes de las potencias occidentales que se retrataron abrazados a tiranos y genocidas posteriormente condenados, incluso al patíbulo, unos años más tarde, al ver aquellas fotos. Igual nada. Pero de momento permítame esta bendita democracia disentir respetuosamente con esta concreta decisión. La misma disidencia que, por ejemplo, haría de alguien sospechoso de peligrosidad en cierto lugar del Caribe.

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