miércoles, 26 de agosto de 2009

Miles Davis


Acaba de aparecer en español “Miles Davis. Quincy Troupe”, la autobiografía del gran jazzman de reciente fallecimiento. Inmediatamente me fui a sus últimas páginas para constatar si mencionaba Oviedo. Por desgracia, no le pareció reseñable el Campoamor. Resultó un momento estelar del Coliseo. Destacaría, por mi parte, la benemérita audacia de Covadonga Bertrand, Luis Manjarrés, Aurora Puente, J. Vega…para que un artista de esa talla pisara nuestro escenario. Nos apoyamos también en entusiastas aficionados entre los que me viene la figura del médico Luis Amor, él mismo de un cierto aire a Cugat, de Luis Serrano, que tenía pub entrañable en el Parque de Invierno, y de Don Kemontha.

Miles con sus pequeños pasos que te transportaba por la magia de su trompeta hasta perderse en la penumbra, al otro lado de la caja de música. Un fenómeno. La misma semana pasaron B.B. King y Chick Corea. ¿Quién da más? Manuel Vicent, sobrecogido por el mito, rememora cómo lo topó en un ascensor angosto del Hotel Lousiane del Quartier Latin. La gran dieta cultural que tienes en una ciudad tan europea- diría mejor, en la metrópoli de la Asturias central-, es que salen entendidos de verdad a todos los géneros. Asisto a la temporada de ópera de Estrasburgo, urbe de 400.000 habitantes, sede de instituciones comunitarias y atlánticas, y puedo certificar que está muy por detrás de lo logrado en Oviedo con milagro operístico desde los años cuarenta. Y no son solo esos varios públicos que pueden llenar ahora cinco sesiones del mismo título, es que cuando probamos con los conciertos, tras la estela de la Filarmónica y del támden Casares-Iberni, o con la popularización de la OSPA (¡cuánto siento la marcha de Max Valdés!) o con el jazz, ya estábamos desbordados por un respetable que resurgiría si se le diera otra oportunidad.

Miles es todo sinceridad, también como escritor, abordando su arte, sus críticas al racismo, el reconocimiento de su misma inestabilidad emocional, su desorden, su lenguaje…

Genio Miles Davis, que evoco mientras compruebo que él, sin que por otra parte quepa extrañar, se olvidó pronto de nosotros. No obstante, mal recuerdo que el poeta Luis Cernuda atribuye a las viejas trompetas la cualidad de permanecer junto a las perlas en el fondo marino.

Quizá no en la mar, pero sí en una nueva remodelación del Teatro Campoamor apareciese el vestigio remoto de una pieza con la que se interpretaba “Blue in green”. Todos los grandes teatros conservan su fantasma y su leyenda. En aquella penumbra de paso quedo tuvo que producirse conexión imperecedera con tecla o válvula de futuro. Y es que Miles no se ha podido morir todavía; al menos del todo.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya veo que a Juan Vega solo lo llamas,como de pasda, J.Vega

Anónimo dijo...

Continuando con el anterior post yo te diría: Antonio de bien nacidos es ser agradecidos.

Anónimo dijo...

Realmente se echa de menos el correspondiente comentario del inefable y fantástico (de fantasía) Antonio Masip, ahora que se nos presenta tan pro-yankee, "relatándonos" un encuentro personal (por supuesto acompañado de su fiel Ina) con el difunto Ted Kennedy con motivo de un asunto profesional (?) o incluso en el relax de la mismísima Martha's Vineyrard.

Norman dijo...

Aprovecho después de leer tu interesante blog para solicitarte me envíes tu dirección de correo electrónico ya que deseo enviarte la esquela de Juan Pablo García que te prometí. Mi dirección es:
Paco_mori@yahoo.es.
Saludos socialistas, Antonio.

Anónimo dijo...

Estuve en ese concierto y me alegro de rememorarlo.María Luisa

Anónimo dijo...

Estoy en Llanes.Sensacional concierto de Miles Davis,en efecto.Un hito en el Campoamor y en Oviedo.me agradará charlar contigo de las sensaciones de aquel día.Un recuerdo tb para Aurora Puente.

Anónimo dijo...

Lma

Anónimo dijo...

Muy bonito, Antonio.
" Los grandes teatros conservan su fantasma y su leyenda"; recordaré esta frase.

Tengo una versión del Concierto de Aranjuez* por Miles Davis grandiosa. Los instrumentos de viento andan más cerca del alma, de la primera verdad, pues nacen sus voces en el aire que respiramos.

Si Cernuda es el gran poeta de la meditación, Miles, Chet Baker, Jay Jay Johnson (Trombonista), son tal vez los grandes poetas del viento.

*Sketches of Spain. Si no tienes este disco, mándame tu dirección y te haré llegar una copia sin que se enteren en la Sgae

Anónimo dijo...

Querido Antonio,

Leo todos tus "blogs", siempre con mucho interés. Tus apasionados juicios, cuando de Oviedo se trata, a veces me producen sonrojo...Creo, amigo Antonio, que ese "Oviedín" es bastante "pequeñín"... y sobran un sinnúmero de halagos. Bien es cierto que vosotros los que andais de "politiqueo" estais bajo una servidumbre que los que siempre anduvimos "llibres como paxarinos" nos parece impropia del ser inteligente... y tú lo eres, y mucho, para no tener que estar bajo ese manto hipócrita que tan poco aporta al verdadero ser humano..,,

Anónimo dijo...

Leí el otro día tu artículo sobre Miles Davis que me pareció interesante. Me acordé de una anécdota que igual ya conoces. Este músico compuso de un tirón la banda sonora de la película "Ascensor para el cadalso" improvisando con un cuarteto y sobre la marcha, mientras miraba la película en una pantalla.

En concreto, se hizo famosa una secuencia en la que una angustiada Jeanne Moreau pasea de noche por París, preocupada por la tardanza de su amante (Maurice Ronet), quien tras asesinar a su marido, se ha quedado atrapado en un ascensor por un corte de fluido eléctrico