jueves, 23 de julio de 2009

Euro y crisis


El euro cumplió hace poco diez años, aunque no fuera contante y sonante hasta el 2002. Se encuentra con aparente buena salud pese a la crisis financiera que le rodea (debilidad del dólar, baja del yen, descalabro de la libra esterlina).

Sin duda, bajo el paraguas del euro nos hemos sentido protegidos de la tormenta financiera en la que se han hundido países vecinos que vivían un auténtico milagro económico, como Islandia, o en la que naves más grandes se han visto fuertemente sacudidas (contracción de la economía británica con su peor dato trimestral en medio siglo). El club sigue creciendo (los nuevos estados miembros se comprometieron a adoptarlo como moneda tras su ingreso en la UE), Islandia quiere entrar directamente en el euro y el primer ministro sueco ha deslizado en los pasillos de Bruselas y Estrasburgo que le gustaría replantearse el improcedente "no" del referéndum de hace seis años. Sin embargo también flota en el aire la pregunta: ¿y por cuánto tiempo tenemos euro?

En una reunión del grupo socialista europeo, salido del 7-J, alguien, una vez más, criticó que hubiera 27 planes de reactivación en vez de uno solo. Tomada la frase literalmente podría interpretarse que se ansía centralizar todo en Bruselas. No era esa la intención de mi compañero. Por otro lado, la crisis está siendo, a juicio de muchos, desaprovechada para fortalecer Europa. Tampoco creo que sea necesario hacer la lectura, en este caso, de pretender un monstruo burocrático europeo, mucho mayor del ya existente.

Relaciono los dos aspectos anteriores con la salud de la moneda. Si hemos estado a cobijo no se debe a que el euro tenga poderes ocultos. Borrell dijo en el Polideportivo ovetense de Vallobín que España no hubiera podido jamás salir de Irak, sin la seguridad del euro. Simplemente somos más fuertes unidos, y, paradójicamente, más soberanos incluso. Con la moneda común nadie se ha sentido tentado a devaluaciones competitivas como se vivieron a comienzos de los noventa. Ya sé que la devaluación era también un recurso nacional al que se ha debido renunciar. El euro representa nuestra unidad financiera. Como toda moneda refleja la fortaleza de su economía. No está mal que se hagan muchos planes de relanzamiento económico siempre que sean coordinados y busquen objetivos compartidos. De lo contrario, si cada uno tira para su lado, la unidad se resquebrajará. Tras la decisión alemana de introducir una reforma constitucional para limitar su déficit al 0,35% del PIB mientras que Francia sigue una política, opuesta en parte, de gasto e inflación, Le Monde se preguntaba el 1 de julio si podía durar la cuenta común en un banco de una pareja en la que uno sea un derrochador y el otro un avaro.

Si no salimos con fuerza de esta crisis de poco servirá la unidad monetaria. No nos podemos conformar ni con un euro ni con una Unión Europea simplemente vivos. La UE, como la bicicleta, necesita movimiento para sostenerse. El euro, precisa expectativas de crecimiento para su sanidad y su futuro.

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