martes, 14 de julio de 2009

Defuntín

Hace años, dos lobbystas, ambos de origen cubano, competían en la Ciudad sureña de Miami por hacerse con los mejores clientes bordeando la legalidad. Uno estaba indignado con el otro pues consideraba inaceptable que su contrincante se paseara por todas las dependencias oficiales del Estado de Florida con unos talonarios de entradas para el Basket de la NBA, que repartía dos a dos con la mayor generosidad entre los funcionarios que se topaba. El señalado se defendía alegando que la dádiva era inocente, ¡y muy barata!, pues a su vez la había recibido gratuitamente del patrocinador del equipo y no merecería declaración a Hacienda alguna. Consideraba no querer influencia en un expediente concreto sino estimular al buen trabajo en una ciudad con demasiadas construcciones mal inspeccionadas que no resistían huracanes. Se estaban enzarzando en esos y otros detalles metajurídicos cuando uno de ellos cazó al otro con las manos en la masa: regalaba trajes para las autoridades en combinación con un sastre italiano de la localidad. De inmediato, intervino la policía, no sé si federal o del Condado. Con felina rapidez el que intentaba esa vía de corrupción adujo que toda la ropa, pese a las diversas tallas, eran para él mismo y no para terceros. Tuvo cierto eco en la prensa. En la vista oral, con Jurado, el abogado defensor pidió que el acusado se probase en estrados unas cuantas chaquetas que le caían estupendamente. El fiscal encontró alguna que resultaba pequeña pero hubo dudas suficientes sobre la intención criminal para no condenar. Se trataba, según llegó a decirse, del hombre más elegante del Estado y presumía de amplio armario. Además, en años anteriores había estado más delgado; o más grueso, no recuerdo el matiz. Sin embargo, para evitar revisiones del fallo o el perjurio, que en el lar norteamericano puede afectar al mismo acusado, se contaba por Miami que el pintoresco lobbysta seguía vistiendo ternos fuera de talla, aún meses después del juicio. Aseguraba que la cortedad de las mangas era una moda exportada del muy chic Reino Unido (UK). No obstante, su fama de dandy se resentía pero era mejor que lucir el mono carcelario. Y aunque este sucedido fue en Miami, hay un vodevil español de los años veinte (“El defuntín”) en que, como explicación a una vestimenta irrisoria y ridículamente raquítica, uno de los actores hacía un aparte de complicidad con el público:”¡El difunto era menor!”.

Esas cosas naturalmente ocurren pero solo en las comedias de Arniches o Jardiel y en una ciudad tan alejada como Miami (“tan cerca de los Estados Unidos”, la definen allí los hispanos).Me inclinaba hasta hace poco por dudar que fuera posible en el Estado de las Autonomías del Reino de España.

9 comentarios:

El ángel de Olavide dijo...

Antonio
todavía me rio despúes de leer tu historia; no se si admirado de tu legendaria memoria o de tu, no menor, capacidad de parabolizar.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Se le debería quedar eso de Defuntín l pájaro de Camps

Anónimo dijo...

Defuntín pero bien comido y bien votado

Anónimo dijo...

En política Camps es ya difunto, vale Defuntín.igual el tesorero del PP

Anónimo dijo...

Ahora también la Alcaldesa con los bolsos de Luis Vutton

Anónimo dijo...

Caps será un caco pero sus fechorías no se condenan.Le pasa como a Gabino en Oviedo,aunque este cuente con los fiscales a su favor con toda la cara

Anónimo dijo...

quise decir Camps, uno de los cacos se mire como se mire.De poco o mucho pero caco.La mona, aunque se vista de seda...

Anónimo dijo...

¡Qué tropa!

Anónimo dijo...

La que ha quedado en pelota es la judicatura también.Seguro que alguno bien trajeado