jueves, 7 de mayo de 2009

Ugarte



Casablanca no es quizá la mejor película pero sí, entre las muy buenas, la que más a tiro he tenido para ver deliciosamente muchas veces, aprendiendo de sus diálogos y subtítulos. Los personajes secundarios son casi tan buenos como los protagonistas. Uno de ellos, Ugarte, pide a Rick Blaine que le esconda unos salvoconductos robados a dos correos alemanes apuñalados. Ugarte, Ugarte… ¡como el extraño plenipotenciario enviado por el ministro Federico Trillo a Turquía para resolver el papeleo del Yak-42! En Casablanca y en el juicio del cambiazo de cadáveres, ninguno de los Ugarte, secundarios en ambas tramas, termina declarando la verdad de las identificaciones trajinadas…

No obstante, el edecán de Trillo tuvo más suerte que el estraperlista de refugiados de la película. Ahora la sentencia, lo olvida para siempre. Por mi parte, seguiré viendo los ojos cínicos y saltones del Ugarte de Casablanca cuando dice de sus asesinados: “!Poor devils! (Pobres diablos)” Antonio Masip. Bruselas.

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