viernes, 15 de mayo de 2009

Islandia en su crisis particular


Islandia, país legendario de navegantes y guerreros, se halló a la total intemperie en plena tormenta financiera internacional. Ahora pretende refugio en el euro y el marco institucional comunitario. Los islandeses son miembros del espacio Schengen, sus productos acceden sin obstáculos al mercado único europeo y aplican, en general, muchas de las directivas europeas, aunque formalmente se encuentran fuera de la Unión. Tradicionalmente han preferido mantenerse al margen, entre otras cosas, por miedo a la invasión de sus caladeros por los barcos de los países miembros y entre ellos de forma especial españoles. El país iba viento en popa con una política ultraliberal que favoreció la inversión extranjera hasta que se desató la crisis y el sistema bancario se hundió con la moneda nacional, la corona, perdiendo la mitad de su valor.

La nueva primera ministra socialdemócrata, Jóhanna Sigurdardóttir, ha decidido tramitar la adhesión de su pequeño país, de unos trescientos mil habitantes, a la Unión Europea. Llevará de inmediato el proyecto de ley ante el Parlamento de Reikiavik pero se va a encontrar posiblemente con la oposición de sus socios, la izquierda verde, y de la derecha, que dejó el gobierno hace unos meses ante la presión popular y el fracaso neoliberal. La ampliación europea, juzgada demasiadas veces como una fría decisión de burócratas, es un rayo de esperanza para este pueblo hermano que busca auxilio en la ponderación europea. Los islandeses deben percatarse también de las obligaciones que suponen su incorporación.

Islandia era valorada tan solo el año pasado por Naciones Unidas como el país de mayor desarrollo humano del planeta. Tienen el índice de natalidad más elevado de Europa y el mayor porcentaje de mujeres trabajando fuera de casa. Es una sociedad culta y cohesionada. Hasta hace poco se consideraba el pueblo más feliz del mundo. La depresión actual es quizá sólo un bache para gentes tan emprendedoras y optimistas. La UE debe estar con Islandia a la altura del reto.

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