miércoles, 8 de abril de 2009

Viento sin sombra


En una magnífica entrevista en este periódico, el empresario avilesino Daniel Alonso responde a la última pregunta (¿Le da vértigo pensar que va a abrir una planta en Estados Unidos?): “Tengo tanta ilusión que estoy dispuesto a aprender inglés. ¡Imagínese, a mis años!”

Es precisamente el desconocimiento de lenguas extranjeras un mal ancestral de nuestra sociedad española pero hay mimbres dispuestos a atajar el retardo con la heroicidad del trabajador empedernido.

Y resulta que Daniel y otros están en vanguardia de la fabricación de molinos, aerogeneradores, para la energía eólica, que llevan ahora a América. Al Gore, en su visita a Asturias, con motivo de los premios Príncipe de Asturias, y Obama, desde que es Presidente, ya venían alabando la apuesta española por la limpieza y la fuerza del viento. En el Parlamento Europeo se ha plasmado en algunas resoluciones de las Comisiones de Industria y Energía, que no deben, sin embargo, ensombrecer espacios protegidos para el equilibrio medioambiental. Estas actividades no dejan de ser motivo de orgullo de una Asturias, que vadeó la dura crisis de reestructuración de la empresa pública monopolista y que afronta el actual e inmenso bache económico con la clarividencia de algunos, no muchos, emprendedores. Daniel Alonso ha puesto el dedo en dos llagas lacerantes: los yerros de la política bancaria, eclipsada en su momento por los beneficios cortoplacistas de la “hormigonera” – toda una metáfora acertada-, y la dependencia para el futuro inmediato del empleo de las decisiones en la globalización de Arcelor-Mittal. Más claro no se puede hablar a pie de obra. Es aquella última la gran preocupación de los sindicalistas Luis Ángel Colunga, Héctor Roces, José Ramón Laso… con los que suelo coincidir en mi vuelo de cada lunes a Bruselas.

También clarividente por momentos me pareció el ex secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, en su conferencia del Aula Magna de la Universidad de Oviedo, del pasado 3 de Abril. Le acompañé como premiado por la Asociación de Expertos en Derecho de Trabajo “Profesor Alonso Olea”. Y si mi premio era, sin duda, inmerecido, el de Fidalgo, todo mesura y fina experiencia, demostró en su lección, que sigue siendo una cabeza de la que no sería bueno prescindir totalmente, por más que se comprenda que su acercamiento “a la derecha” y a otros artilugios dejó el espacio para el relevo. Una pregunta se negó a contestar, "por lealtad y prudencia con su organización sindical:”¿Apoyaría usted una huelga general en el momento presente?”.

Es apreciable cómo las convulsiones sociales recorren Europa; espero, sin embargo, que sean mayores las ganas de superar la crisis aunando esfuerzos políticos y sociales. Al menos, entrevistas sencillas como la de Daniel Alonso resultan animosas en la hora de la responsabilidad.

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