martes, 14 de abril de 2009

Corín



Se ha muerto Corín Tellado.

Viavélez y Asturias entera serán siempre puntos de referencia de una escritora que, con su fuerte personalidad, seguirá deambulando entre los asturianos, como aquí, en Bruselas, te puedes topar por la calle a Hergé y su Tintin o a Simenon y su Comisario Maigret.

Con Corín me pasa lo que a mi amigo Nacho Gracia: debo confesar que jamás he leído una novela completa pero tampoco puedo sustraerme a la admiración y al reconocimiento por las millones de personas que ganó para la lectura, para la cultura, para la libertad...

Y si no la he leído en sus ediciones príncipe, ni he manoseado ni mucho menos coleccionado sus libros, tengo para mí, sin embargo, entre los buenos y entrañables personajes de la Literatura con mayúscula a uno de sus lectores empedernidos, Antonio José Bolívar Proaño. El “viejo que leía novelas de amor” se piraba por Corín Tellado en portugués pues, cuando Luis Sepúlveda lo parió, el mundo, es decir Macondo o Vetusta, era solo el alto Amazonas. No se podía ni intuir entonces que Luis se iba a convertir él mismo en un ciudadano gijonés, vecino de la fabulosa Corín. El personaje sepúlvedo -¿no existe una línea de autobuses topadiza que luce el gentilicio de grafía y sonoridad más complicadas aún, “La Sepulvedana”?- enloquece, o mantiene bien en firme su cordura, con el exceso libresco, frente a todos los acosos, como le pasaba a Don Quijote con las novelas de caballerías o a Anita Ozores, en La Regenta, con las divagaciones místicas. El lector entusiasta que ha entrado en la leyenda de Corín, no es tanto Guillermo Cabrera Infante o Mario Vargas Llosa, o Juan Cueto, desde la autoridad plumífera, de los que se está hablando estos días, sino el personaje de Sepúlveda. Solo hace falta seguir la coherencia de Vargas Llosa sobre la verdad de la mentira literaria, para deducir que, en efecto, el lector real es aquel que era como “los indios jíbaros pero no era uno de ellos”, que describió genialmente nuestro chileno Luis Sepúlveda.

Alguien ha dicho que Corín hubiera querido ser Dolores Medio y viceversa. No sé pero me alegro que no se olvide en la hora postrera de una escritora a otra, la autora de “Nosotros los Rivero”, a la que tanto quise. En Asturias se escribe mucho y todas las escrituras están interconectadas. ¿Y sino cómo explicarse la casualidad que digo de que Luis Sepúlveda y su magín vinieron a vivir entre nosotros sin sospechar antes que esta era la tierra de Corín? Luis y Corín, además, están a la cabeza de las traducciones internacionales de la lengua española. Nadie podría asegurar cuál de los dos, gijoneses ambos de adopción, está en mayor número de idiomas.

La Corín que vive contenida en los pasos del héroe de “Un viejo que leía novelas de amor”no se morirá tampoco nunca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amigo Antonio: estupendo el artículo. y es cierto: a los escritores los hacen grandes sus pripios lectores. En el caso de Corín -yo tampoco leí nada de la santa, gracias a Dios-, Bolivar Proaño... Por lo demás, el subtítulo es genial, me parece digno de Groucho Marx. buenísimo: será que Lucho se ha travestido y ahora es escritora?Abrazos.MR