lunes, 23 de marzo de 2009

José Maria Laso



Tribuna Ciudadana acaba de editar “Viajes por círculos extraños y culturas diversas” de José María Laso. En la presentación me emocioné con el mensaje amistoso de su autor, captado por Víctor Berezosky, cineasta ucraniano.

Laso es un tipo fabuloso que tuve el honor de conocer en la tertulia bilbaína de “La Concordia” donde oficiaba junto a Blas de Otero, los Rincón, Ibarrola, Dionisio Blanco, Pericás… Una década después se me apareció en el inolvidable “Club Cultural de Oviedo”.José María, como muy bien resaltó Juan Ania, intervenía con facilidad admirable, superando a todos los que contestábamos el supuesto comunismo ortodoxo. Mi amigo no solo ha viajado mucho, con especial interés por los países exóticos, las rutas de Marco Polo, el Transiberiano, Cuba, donde un día lo encontré casualmente, Sudamérica… sino que lo ha hecho con ternura de analista social, alejado del turista acrítico que denostaba Unamuno, su paisano del Bocho. Releyéndole de nuevo ahora recuerdo nuestras discusiones y comprendo cómo adivinó antes que yo mismo que mi propio pensamiento tenía escasa relación con el rigorista materialismo que él abrazó con tanta entrega y sinceridad. Como, pese a esa raya de separación, José María no es un sectario, no dejaba de reconocer buena intención y voluntarismo. El activismo consecuente era el suyo, camuflado de forma obligada entonces como representante de una firma de chocolates. En ese tiempo, una cierta conciencia organizativa era probablemente superior en el País Vasco. Así, de allá, vinieron algunos cuadros políticos de primer orden e influencia como Lalo López Albizu, padre de Patxi López, que veraneaba con su familia en Tuña, el tinetense pueblo de Riego, y paraba en Latores, en casa de Cadavieco; María Unceta, que dio relevancia a una efímera extrema izquierda; Juanito Menéndez Arango, del FLP; Felipe Fernández…

Leer a Laso es una delicia y nos enseña todavía cómo todo no debería depender del cristal con que se mira. Las palabras de su sobrino, el profesor Fernando López Laso, y sus amigos Ojeda, Toribio, Ania, Bueno Sánchez, Lola Lucio, Casero, Batalla, Penalva… que tan bien le conocen y quieren, han enmarcado muy justamente la impronta juvenil de Salgari, London, Verne, quizá también, pienso, Conrad, Zweig…

Si los textos son muy buenos, igualmente apropiados los documentos gráficos. De particular forma me lo parece una errática fila de portadores de sacos en Indonesia. Ana Gomes, compañera parlamentaria, antigua embajadora de su país en Yakarta, acaba precisamente de publicar otro libro entrañable del que ya he dado cuenta. Desde luego, el eurocentrismo está en crisis en estos libros aunque no falta, en el de José María, una mirada a Italia, Hungría, Austria, Eslovaquia, Suiza, Atenas, el Bósforo… y otros ámbitos, siguiendo unas veces el curso del Danubio, “que ya no es azul”, otras el Ródano y siempre su pasión viajera que no para aunque ahora esté sujeto provisionalmente a peregrinaje inmóvil, no menos incesante.

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