viernes, 13 de febrero de 2009

De Albania a la "inauguration"




En el balance del año que terminó, un magazine hizo montaje fotográfico de los cien, a su juicio, personajes hispanoamericanos más destacados en 2008. Entre ellos estaban mi prima Patricia y un vecino de despacho bruselense.

La fama de mi pariente es, de un tiempo a esta parte, proverbial e imparable, desde Milán al MOMA neoyorquino, desde Shangai a la Laboral gijonesa, pero el muy estimable esfuerzo de mi compañero eurodiputado no había tenido hasta ahora tanto eco y ajetreo. Martí Grau, mi amigo, es arqueólogo y, en la misma semana, le requirieron para visitar Albania, lo más recóndito y tenebroso de Europa-que no de la UE-, y para asistir a la toma de posesión de Obama.

Albania es país atrasado. Aspira, sin embargo, a entrar un día, supongo lejano, en la Comunidad. Me dicen da pasos bien intencionados. Martí cuenta, no obstante, cosas espeluznantes. Así la pervivencia de las leyes consuetudinarias de la llamada Kanun: se heredan venganzas familiares y algunos no pueden salir de sus casas, señalados con crímenes de su estirpe. Me quedé con ganas de acompañarle en ese viaje a territorios residuales de religiones paganas, que harían las delicias de mi admirado Cunqueiro. Pero aún más me atrajo el salto que hizo de Tirana a Washington a la inauguration. Barak Hussein Obama y el Presidente del Supremo se trabaron en el orden de las palabras y, como en Estados Unidos cualquier cosa vale para montar pleito, el nuevo presidente hubo de repetir a la mañana siguiente, en la intimidad de la Casa Blanca, las solemnes palabras mágicas. Me recordó a Johnson, en la escalerilla del avión, con la jueza de Dallas y Kennedy de cuerpo presente. Tal como lo cuenta William Manchester, mientras cumplía el rito, Lyndon B. colocaba su mano en una edición católica de la Biblia, propiedad de la Kennedy. Hubo quien cuestionó ese compromiso con la Historia como inválido, pues contendría solo el Nuevo Testamento. El libro desapareció por si acaso para siempre.

Por muy esotéricos que sean los americanos con sus juramentos, nada comparable al de odio cartaginés de generación en generación albanesa. Martí fue observador cualificado de costumbres ancestrales de resultado errático, separadas por siglos luz de distancia. Un arqueólogo es el idóneo para contarlo. Yo también le hubiera elegido entre los mejores. ¡Y a la arquitecta Patri Urquiola Hidalgo!, aunque tampoco con ella tengo, evidentemente, neutralidad.


8 comentarios:

Antonio Arias dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada, sencilla y llena de inteligentes indicaciones. Como tomando un café, es verdad. Tienes muchas tranquilas reflexiones que contarnos, Antonio. Y el destino ha querido poner en tus manos un blog.

Un abrazu.

Anónimo dijo...

También pienso que eres un escritor de primera, sencillo y fácil pero con contenidos.Luisal

sonia sin gluten dijo...

Sigue por favor escribiéndonos, es un placer leerte.
un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

¿El título no debería ser Albania en lugar de Atlanta?Di es Atlanta no se explica

Anónimo dijo...

En La Nueva España pones Albania

Anónimo dijo...

Albania leo.Le gustaba mucho a tu amigo Neira para el que era la Asturias de algunos

Anónimo dijo...

Martí se hizo famoso por votar en contra de la detención 18 meses de los inmigrantes.?Verdad?.Está bien que sea amigo tuyo.No sé cómo lo verán los biempensantes

Anónimo dijo...

Incorregible.... tu espíritu indómito no ve barreras para ir a esa Albania que expones peligrosa, cual Ingenioso Hidalgo.... No cambies. Angeles Hidalgo