martes, 23 de diciembre de 2008

El sombrero de Napoleón


El hemiciclo de Estrasburgo forma parte de un edificio cuyo plano recuerda el famoso gorro de Napoleón. El 16 de Diciembre, algunos parlamentarios llevaron la comparación del corso emperador al mismo Sarkozy. Un compañero me aseguraba, sin ambages, que era el mejor y más político Presidente semestral que había visto en diez años. En verdad, aparte de algunas frivolidades dialécticas y de la reticencia que me causan las posiciones francesas en ventajismo agrícola y financiero, Sarkozy ha ejercido de gran europeísta. Los españoles agradecemos su compromiso antiterrorista y la actitud para el G-20. Entre pasillos, se destaca que Sarko contribuyó a evitar en Georgia un fangal, tipo Bosnia, masacre histórica y costosísima sangría económica para la UE. Incluso los socialistas franceses, claramente a contrapié, reconocen el éxito que atribuyen, a sus antiguos militantes, Kouchner y Jouyet, ahora en la fila sarkorziana.

A Sarkozy se le discute la reacción en la crisis; su manifiesto enfrentamiento a Angela Merkel; sus discrepancias con los comisarios Kroes, de la Competencia, celosa de evitar privilegios en ayudas bancarias, y Almunia, preocupado por el déficit y la respuesta unitaria. El objetivo es la crisis, que más allá de guerras y subprimes, se desencadena en la pasividad del Gobierno americano ante Lehman Brothers. El neoliberalismo fue el problema pero todo el mundo se apunta ahora al intervencionismo en inversiones y pérdidas, con cuyos excesos deberíamos, no obstante, ser precavidos pues las necesidades son inmensas y pueden extenuar. Una vez Sarkozy mencionó a España y la crisis de la construcción, resaltando la reserva de los superavits presupuestarios; cosa ésta que, como ovetense, algo me suena, aunque sea apenas una balsa en el océano en que toca remar a todos hacia lejana tierra firme.

Siento preocupación ante las presidencias sucesivas de Chequia y Suecia. Además de no pertenecer al euro, son gobiernos no liderados por gentes del talante memorable de sus grandes conductores, Vaclav Havel y Olof Palme. Como ponente de la directiva de “estándares mínimos para el asilo político” me va tocar lidiar con los dirigentes de ambos países. En las próximas dos rendiciones de cuentas semestrales, quizá a nadie atribuya el carisma y el gorro de Napoleón, que este 31 deja Sarkozy. Algunos europeístas, ya suspiran por el tercer balance que protagonizará España, en 2010.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso lugar pero teneis que mandar más