lunes, 3 de noviembre de 2008

Punto y coma

En todas las ciudades me gusta merodear por sus librerías.

Aquí conocí enseguida algunas de lance. Ahora, que atempero mi pasión bibliófila, he vuelto a las convencionales. En esta capital hay un espacio maravilloso de la lengua española, situado a la vera del Berlaymont, el edificio de la Comisión, donde se velan los Tratados. Es la librería “Punto y coma”. Su nombre no sé si proviene -o apadrina- el boletín “Punto y coma” de la Asociación de traductores españoles de la Unión Europea.

En la francofonía hay polémicas sobre el futuro de la ortografía, a las que no ha sido ajeno el reciente Nóbel, Le Clézio; por cierto, conocido de Susana Rivera y Ángel González del claustro de Alburquerque. Mi amigo Juan Cueto cuenta en su estilo magistral cómo polemizó en As Figueiras de Castropol con Álvaro Cunqueiro sobre los signos de puntuación que imaginaban plasmados en la geografía del Eo: Nuestro Castropol, visto desde el Este, es un maravilloso punto seguido, acaso ese complejo punto y coma de la literatura francesa, que no sólo no es la radical divisoria costera y metafísica entre las aguas atlánticas y las cántabras sino una puntuación que fusiona y contamina paisajes, lenguas, paisanajes…

En efecto, el punto y coma francés se presta, con dos puntos de la talla de Juan y Don Álvaro, a todo lo imaginable. Aquí se hacen campeonatos internacionales de dictado por televisión ¿Por qué “combattant” es con “T” doble y “combatif” no? Los concursantes del África subsahariana superan el acertijo pero ante punto y coma surgen dudas. Alguno pide su supresión por inútil.

El signo siempre me pareció una divertida contradicción: precisa un brinco mayor que la simple coma, pero, paradójicamente, el salto es menor que con el minúsculo tropiezo del punto.

En la mili, un compañero de soldadesca recibía cartas de su novia de la Castilla profunda que, tras la firma, colocaba puntos, comas y punto y comas para que él los situara luego en su misiva con vocación de ser leída muchas veces hasta la del siguiente día. Mi colega había comprendido que su amada, sin ser filóloga, llegaba a la entraña de las pausas que no quería violentar con su impericia. El carácter solemne de coma coronada hace que se salga del ámbito zodiacal de la gramática para introducir su cabecita en otros campos. En Oviedo es un Restaurante con uno de los mejores servicios. De nombre académico fue antes “Logos”, bautizado por Alarcos invocando la cercanía universitaria.

En el mismo día estoy en los “Punto y coma” de Bruselas y Oviedo, dispuestos ambos a tentar a un moderado de antiguas gulas, más lectoras que gastronómicas. Punto y coma es intraducible e icono, pues, de traductores. Es tal una acotación de Valle Inclán, maravillosa pero evaporada al oído del espectador.

4 comentarios:

El ángel de Olavide dijo...

Maravilloso artículo Antonio. Recuerdo ahora que uno de los grandes amantes españoles del punto y como fue Eduardo Haro. Cuando veias un editorial con muchos puntos y comas enseguida te dabas cuenta de quien había sido el autor. Ahora en este mundo digital tenemos tendencia, no se si por las prisas o por razones técnicas, a olvidarnos de la puntuación.
Lo de imaginar signos de puntuación sobre el paisaje tiene mucho futuro. Se me ocurre sobre la marcha imaginarme una interrogación sobre el trazado de la autovia de Ponferrada a La Espina. Estos dias he visto en la prensa creo que en LNE que ya en el XVI una ruta como esa estuvo a punto de ganarle la partida a Pajares. Ribadeo versus Gijón. Acabamos de ver este año una nueva batalla de esa guerra marítima. Y volvió a ganar Gijón.
Un abrazo

Angel Alda

Anónimo dijo...

He estado en Lyon este fin de semana post-STR, ciudad en la que el Ródano hace de punto y el Saona de coma. Con la amiga con la que compartía viaje hablamos sobre los ríos franceses, o en francés, qué diferencias hay entre "fleuve" y "rivière", si son los ríos en Francia masculinos o femeninos, por qué el Ródano es "le Rhône" mientras que el Sena es "la Seine"... Ella, tras averigaciones, tenía las cosas claras. Yo, que aún no he hecho pesquisas, lo tengo más lodoso, como ahora Melilla.
Te dejo para que lo pienses.Juan

Anónimo dijo...

Es que Jovellanos seguramente seguía criterios más orógraficos y de sentido común y menos políticos.De lo que estoy seguro D. Ángel es que la mejor ruta para Gijón y Ribadeo es la que traza La Espina- Ponferrada y su continuación de la Espina a Luarca y de Ponferrada a Portugal, Orense...La entrada a Asturias es infinitamente más sencilla por el suroccidente astur que por Pajares. Me gustaría encontrar las palabras de Jovellanos.

Anónimo dijo...

Estimado Antonio

No pude antes por la lejanía, contestarte a tu fino artículo de "Punto y coma".
Ahora que acabo de llegar del Caribe cubano de San antonio de los Baños, donde radica la
magnifica escuela de cine, leo con detenimiento el entrelazado artículo lleno de detalles.
No tenía ni idea que en Bruselas, hubiera una librería con ese nombre.
Yo, al igual que tú; me paro en cada ciudad que visito en sus librerias. !Que coincidencia!.

Un abrazo
José Ramón