jueves, 2 de octubre de 2008

Más romanizados




A Marita Aragón, uniéndome a su homenaje







Cada mañana la prensa nos sigue trayendo noticia nueva u opinión apasionante de la excavación que dirige el profesor Rogelio Estrada. Todos especulamos con cada detalle a nuestro gusto. Javier Neira, dando rienda a su conocida fabulación, busca la montura consular de Calígula. Tampoco es broma que todo vendría a probar la toponimia no ya latina sino prelatina. Mientras, mi prudente amigo, Juan Álvarez Areces, se sorprendía de que no apareciera alguna vasija o moneda que ya llegó. Otra pregunta lógica de este joven ingeniero es por la aun inexplicada altura del acuífero de Rúa respecto a Foncalada. ¿Nuestros predecesores romanos bombeaban, acaso, el agua como hubimos de hacer nosotros en 1984? No sé. A mí, esta sagrada libertad de perorata se superpone con algo a lo que doy vueltas desde hace años. Fue a raíz de leer, en “La Casa de Bernarda Alba”, la maldición para un pueblo sin río. ¿No es Oviedo la única capital sin río? ¿Por qué? ¿Por qué una ciudad, sin embargo, está bendita, pese al sortilegio o hechizo lorquiano y popular? Tengo leve recuerdo infantil de la natación fluvial, práctica que en “El Maestrante”, de Palacio Valdés, era comparable con los Juegos Olímpicos. ”De Nora a Nora” eran los linderos del alfoz pero no del casco urbano.¿Ese suelo calizo que nos atraviesa cobijó un afluente o lecho hídrico que se desbordaría en remotas inundaciones? Eméritos (Noel Llopis, Truyols…) decantaron aguas subterráneas de las que bebimos en la pertinaz sequía, sin olvidar el verano del 36. En cualquier caso parece que la ciudad y sus moradores buscaron sino el río la cercanía de varias fuentes antes- o además- que el proverbial cruce de caminos o el mágico monasterio de nunca jamás, surgido de la Nada.

Prudentes, dije; sages, dicen, aquí, en la francofonía, más expresivos. Ahora que el debate de la capitalidad estatutaria empieza a tomar tintes de prudencia sería bueno que a la romanización le ocurriera lo mismo dejando a los científicos que estudien y excaven lo necesario, al ritmo de sus prisas. El saber es el primer inquieto. Eso: sagesse, entre sabiduría y prudencia, sin perder la oportunidad de desvelar nuestros orígenes, disipando yerros y fabulaciones.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien el artículo.Te llamaré.Hoy tengo una boda en Pola de lena.Juanín

Anónimo dijo...

¿Por quién va lo de la toponimia prelatina?¿Por García Arias?

Anónimo dijo...

Querido Antonio,
Me gustó mucho tu artículo "Más romanizados". No lo pude leer antes pues
estuve de viaje por el sur del continente africano, en el "Cabo de Buena
Esperanza".
Hace tres o cuatro años pude visitar una exposición en el museo Arqueológico
de Madrid sobre los inventos que nos dejó aquel imperio durante sus más de
300 años de vida. Precisamente, uno de los objetos que llamó más mi atención
fue una pequeña bomba hidráulica de metal cuyo acabado y diseño era
comparable a los de una fabricada en la actualidad