viernes, 17 de octubre de 2008

Luxemburgo, el canto del gallo


Mi abuela langreana gustaba mantener un diminuto corral. Había apreciado la diferencia de encarar la hambruna en el campo y en la ciudad. Como era muy religiosa me hizo relacionar enseguida el canto del gallo con su referencia evangélica.

Los miembros de la Comisión Jurídica nos constituimos en Luxemburgo para una reunión maratoniana con los miembros del Tribunal Europeo y sus diversas secciones. Las sesiones fueron muy positivas. Aprecié especialmente la calidad de los representantes españoles, Dámaso Ruiz Jarabo, abogado general, y Rosario Silva de la Puerta, que sustituyó a nuestro querido Gil Carlos Rodríguez Iglesias, ilustre asturiano, cuya huella como Magistrado internacionalista y Presidente sigue muy viva. La institución luxemburguesa está dotada de un gran prestigio que reconocemos sin lugar a dudas en el resto del complejo entramado de la Unión Europea. En medio de un amplio debate, prolijo, técnico y presupuestario, puse de manifiesto algo que ya sabía pero que me interesó confirmar in situ: nuestros jueces, uno por cada país miembro, usan el francés como lengua vehicular, si bien son oficiales las veintidós de la UE, que pivotan en las otras cuatro principales (inglés, alemán, italiano y español). El francés conserva su uso exclusivo en las deliberaciones del Tribunal. La necesidad de un único idioma viene obligada por evitar la interpretación simultánea quebrantadora del secreto y de la agilidad de las aportaciones. ¿Y cómo el francés gana la batalla al imparable inglés?

La clave me la da la jueza española:

-Claro que hubo presiones pero en la época el Jefe de Interpretación (oral) y Traducción (escrita) alegó que era imposible encontrar 22 británicos que manejasen al nivel requerido para las lenguas oficiales. Los habría pero ganaban mucho más para la empresa privada que se los disputaba. Eso hizo que se siguiera con la tradición francesa hasta el punto de que el Juez chipriota que llegó siendo bilingüe greco-inglés hizo un esfuerzo sobrehumano y aprendió francés enseguida con un mérito que todos le reconocen.

Luego, tuvimos una sesión los diputados; no en vano Luxemburgo sigue siendo sede de dependencias burocráticas del Parlamento. Al comienzo se escuchó un gallo de alguna terraza cercana. Estábamos en el corazón de una ciudad sometida a los embates de la crisis financiera. Estuve atento pero no hubo segundo canto; tampoco negativa descreída o escéptica alguna, por más que había un Pedro asistiendo a la reunión.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estas en todo...Europa tiene un factor diferencial que, como todo tiene su cara y su cruz; su longeva historia, su patrimonio cultural al que los nuevos tiempos vuelven la espalda (y donde residen muchas respuestas a tantas preguntas de hoy en dia); las numerosas lenguas que la enriquecen, la lastra a veces tambien (como si llevásemos a cuestas una inmensa biblioteca). Solo una dedicida vocacion por la cultura nos hara fuertes, y esto tenemos que impulsarlo. Es impensable que en nuestro pais todavia tantos españoles no entiendan la importancia de los idiomas. Sorprende ir a Africa, a Turquia, a zonas sin apenas recursos y comprobar como el ingenio les ha hecho aprender rudimentos de tantos idiomas como valor seguro para sobrevivir. Angeles