lunes, 14 de julio de 2008

Menéndez Salmón, el mundo por novela


No sé cuántos lectores de esta columna sabatina convendrán conmigo que Ricardo Menéndez Salmón es un escritor de primera. Sin duda todos los que realmente hayan leído sus novelas. Ahora, en la página central de Babelia, órgano también central de la crítica literaria, el autor de “La ofensa” viene a divagar con el fondo del dilema de Hölderlin, de Brecht y de tantos otros, “¿Para qué sirven los poetas en tiempos de penuria?”. Más que fondo es la epidermis pues lo que mueve el molino de la melancolía es que Oviedo, de Clarín para acá, es la bien novelada, que bautizó Alarcos, mientras Gijón sería apenas el paisaje de unos pintores. Todo a la larga es, no obstante, incierto ante el inevitable fracaso del arte mientras la ficción es una mentira que dice verdades y ayuda a la bonhomía.

En la literatura hay muchos topónimos, pero, como dice en alguna parte Salmón, las fronteras son imperceptibles y es la misma niebla insolente la que se apodera de los colores del mar y de los olores del campo y hasta de la ciudad. No hay en absoluto 28 kilómetros que separen Vetusta del bendito lugar donde Salmón pone con legítimo orgullo el vale y la fecha de sus obras. Al contrario, él está a la altura de la mano de mi estantería, como Luis Sepúlveda, descubierto en Oviedo y La Felguera y afincado por voluntad libérrima en La Costa de La Regenta, o Miguel Rojo, o tantos creadores gijoneses de fuste. Y escribo sus nombres con nostalgia, aquí, en Bruselas, donde las distancias estriban, y tampoco, en la lengua y en el corazón del satánico enfrentamiento de valones y flamencos. Estos ciudadanos nacionalistas con los que convivo, tan educados ellos, tan bien pensantes, tan europeos, separaron en su día la biblioteca de la Universidad de Lovaina, quedándose los francófonos con los libros registrados con tejuelo par mientras los otros reclasificaban para sí los impares. Una obra en varios tomos se consulta entera todavía con un recorrido de veinte kilómetros por medio. Eso son fronteras en un mismo país. La novelística de Salmón es, sin embargo, puro virtuoso universalismo, su peroración espero que también.

1 comentario:

juvederm dijo...

sin duda es un gran autor Menéndez Salmón