jueves, 20 de marzo de 2008

Robbe- Grillet

Acaba de morir el novelista Alain Robbe-Grillet, uno de los más influyentes de la hora europea. Cuento en “Oviedo al fondo” cómo le conocí. Fue a raíz de una entrevista publicada en este periódico el 24 de Octubre de 1989.Había participado en un debate de la Facultad de Filología. Con madrugadoras llamadas a todos los hoteles lo encontré finalmente en “Clarín”. Se sorprendió de que conociese sus novelas y accedió gustoso a visitar el Ayuntamiento. Hasta la Alcaldía le acompañaron los profesores Fernández Cardo, Virginia Prieto y Francisco González.

Dada la precipitada improvisación, lamenté no prevenir a Avelino Viejo, por entonces el concejal más interesado en conocer a uno de los autores favoritos de nuestro pasado juvenil.

Para la biblioteca consistorial, Alain firmó “El mirón” y a cambio le entregué, con varios libros de Oviedo, el “Cuaderno roto”, del poeta y académico García Nieto, editado por J.J. Plans-Cajastur donde se defiende la controvertida película “El verano pasado en Marienbad”.

La conversación fue muy grata. Le parecía bien el Nóbel para Cela, al que consideraba un tipo celebérrimo. “En Francia se difunde mejor la literatura latinoamericana que la estrictamente española, aunque Goytisolo es “muy leído”.Mi preferido, sin embargo, es Juan Benet”. Le dije que Juan vivió en Oviedo, al final de la calle Uría, donde escribió su primer libro,”Nunca llegarás a nada”, que un día el municipio habrá de recordar.

También hablamos de Malraux, con el que se llevó muy mal, pese a haber sido uno de los primeros en descubrirle.

Al final, le menté “la polémica surgida a raíz del accidente de aviación que tuvieron su esposa y él en Hamburgo”. Express había criticado el método para contar lo sucedido en el siniestro como si contrastara con el estilo habitual de sus novelas, consideradas de laboratorio:

-Todo provenía del afán sensacionalista de una redactora de “France Press” que me entrevistó tras ver mi nombre en la lista de pasajeros. Pretendía dar fuerza a mi lenguaje y, además, sostenía que había perdido manuscritos con los que yo supuestamente viajaba. El despacho de la agencia contenía frases demenciales. Más curioso aún, que Umberto Eco, el famoso escritor que todavía no lo era, salió en defensa de esas declaraciones que no eran mías y al aplicarles la crítica literaria quedaron como si de verdad se hubieran pronunciado.

Robbe Grillet en aquel accidente salvó la vida que ahora ha perdido inexorablemente. Descanse en paz, uno de los mejores escritores europeos, al que tuve la dicha de conocer.

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